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Día: 23 de octubre de 2020

Rosa María Trujillo

Instantánea: 7 preguntas sobre teatro en estos tiempos que corren.

Rosa María Trujillo

36 años / México, Ciudad de México

Lugar principal de trabajo (País, estado, ciudad): España, Barcelona

Oficio: Gestora cultural, productora, coordinadora de difusión

¿Cómo iniciaste dentro de la disciplina teatral? ¿Por qué decidiste dedicarte a ella?

De niña mi tía me llevaba a ver obras de teatro, recuerdo la primera vez que entré a un teatro, se apagaron las luces y se abrió el telón, quedé impresionada de aquel encuentro mágico, de esa ventana hacia nuevos mundos. Desde entonces supe que quería ser parte de esa magia tan real, que tiene el poder de transformar al mundo. Estudié Literatura Dramática y Teatro en la UNAM, donde cursé todas las asignaturas de dos especialidades: Actuación y Dirección Escénica. Soy una hiperactiva del teatro, he actuado, dirigido, escrito obras, coordinado producción, difusión, impartido clases y ahora he terminado un máster en Gestión Cultural.

¿Qué preguntas siguen alimentando tu práctica? ¿Qué anhelos tienes por vivir dentro de las artes escénicas?

Mis principales reflexiones son sobre los modelos de gestión cultural en las artes escénicas, sobre los procesos de producción y financiamiento de obras de teatro y festivales.
Mi anhelo es que la cultura sea valorada a mayor escala, como una necesidad básica de todo ser humano y sustentada por políticas culturales acordes. También anhelo que haya más profesionales especializados en producción y gestión cultural que hagan sinergia con artistas, programadores y empresas, para construir un modelo sostenible de producción en el arte.

Describe tu quehacer teatral en tres palabras. ¿Qué hace de tu forma de habitar el teatro una práctica singular y distinta a las demás?

Colaboración, organización, comunicación.
Cada creador o hacedor teatral tiene una forma de habitar el teatro singular, ninguna es igual a otra. Todas son únicas y diferentes entre sí.

¿Cuál consideras que es la importancia del teatro en este momento histórico?

Hoy más que nunca la sociedad está tomando consciencia del valor de la cultura, como forma de expresión y vínculo para permanecer unidos. Durante esta etapa de confinamiento y de responsabilidad social, las personas han estado acompañadas desde lo digital, de la cultura en sus múltiples manifestaciones, siendo un instrumento para reflexionar, descubrir y replantear las cosas, hoy más que nunca es necesario el teatro para expresarnos y entendernos como individuos y como sociedad.

¿Qué crees que debería cambiar en nuestro modelo teatral?

Estamos ante un momento de crisis y considero que toda crisis representa también una oportunidad para replantearse las cosas, obliga a cambios y respecto al modelo de hacer teatro en México y en el mundo, debe adaptarse y ser mucho más consciente del público al que se dirige sabiendo cuáles son sus necesidades y contexto, realizarse con claridad de mensajes y claridad de objetivos.

¿Qué le deseas a la siguiente generación de hacedores teatrales?

Les deseo todo lo mejor, mucha luz y conciencia. Fuerza de decisión, el teatro es de las manifestaciones más hermosas y potentes de la humanidad y debe seguir siendo así.

Si el teatro es el arte del encuentro con el otro ¿cómo enfrentas la emergencia que vivimos ante el COVID-19? ¿Qué deseas que ocurra cuando volvamos a estar juntos?


Me ha tocado vivir este momento lejos de México, desde Barcelona estoy en contacto con mis amigos de la comunidad teatral mediante las herramientas digitales, pieza clave del momento presente, pero también que plantea muchas preguntas para reflexionar: ¿La digitalización del teatro ha hecho más accesible el teatro al público? ¿Se han expandido los públicos? ¿Existe discriminación de públicos? ¿Cómo es el proceso de digitalización del teatro? Etc.
Deseo que cuando volvamos a estar juntos, me refiero a compartiendo un mismo espacio físico, porque en realidad nunca hemos dejado de estar juntos desde lo virtual, deseo que prevalezca la empatía y la consciencia que ahora nos une y nos hace más fuertes como comunidad.

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Instantánea: 7 preguntas sobre teatro en estos tiempos que corren.

Hugo Alfredo Hinojosa

43 años / México, Baja California, Tijuana

Lugar principal de trabajo (País, estado, ciudad): México, Ciudad de México

Oficio: Dramaturgo

¿Cómo iniciaste dentro de la disciplina teatral? ¿Por qué decidiste dedicarte a ella?

Comencé en 1993 a hacer teatro profesional en un taller de actuación donde nos pagaban por cada puesta en escena, lo que saliera de taquilla por supuesto. Ahora que lo pienso hace bastante tiempo de eso, aunque pareciera que inicié apenas hace 15 años con mi arribo a la Ciudad de México gracias a la Fundación para las Letras Mexicanas, lo cual habla bastante del centralismo que aún se vive y de la falta de reconocimiento de currículos fuera de la capital. Tuve que picar piedra en otros escenarios, en otra tradición cultural inclusive, aprender formas y maneras ceremoniosas a las que no estaba acostumbrado, y sobre todo entender que la cultura en la Ciudad de México es política viva.
En un principio no sabía que existían las escuelas de teatro ni las de cine. Entré por accidente al Centro de Artes Escénicas del Noroeste, el diplomado descentralizado del Instituto Nacional de Bellas Artes, ahora inexistente, y fue la plataforma ideal para descubrir que existían un sinnúmero de oportunidades para aprender y crecer dentro del teatro. Ese diplomado me llevó a formar parte en varias ocasiones de los Programas Nacionales de Teatro Escolar bajo el formato de preparación intensiva de los años 90, ya fuera con el equipo de Casa del Teatro o del Foro Contemporáneo, dos formas de ver el teatro, dos formas de entender las artes. Pude aprender de Luis de Tavira y de Ludwik Margules, con quienes después tomé clases de dirección. Para mí fue emocionante conocer en ese momento a tanta gente que llegué a admirar porque sabían cosas que yo no, pero no a tener fe ciega.
Al no saber de escuelas, ni tendencias, ni de gremios, no les daba importancia a las jerarquías, sólo me interesaba aprender. En ese momento para mí no significaba nada que me dijeran que tal o cual persona era tal o cual autoridad, no lo digo de forma petulante, sino que esa era mi realidad. Tijuana está bastante lejos del centro. Así fue como inicié.
Luego de recibir en comodato con el grupo Mexicali a secas el Teatro del IMSS de Mexicali, trabajé varios años como actor hasta que decidí irme a Los Ángeles a hacer mi examen de admisión a la Academia Americana de Artes Dramáticas; pasé el examen, pero la realidad económica me alcanzó y tuve que declinar. Lo mismo me ocurrió en UCLA, al querer estudiar cine, la colegiatura era algo que jamás podría haber pagado y el apoyo familiar era impensable, sobre todo cuando estudiar “artes” no forma parte del imaginario de una cultura del norte donde se apuesta por las ingenierías.
Así que, de regreso a Tijuana, sencillamente decidí alejarme de todo hasta que Hugo Salcedo, mi profesor de dramaturgia en el diplomado del INBA, me confrontó acerca de qué haría conmigo mismo. A Salcedo debo agradecerle varias cosas, la primera de ellas es que fue el maestro que me tuvo confianza como para ayudarme a publicar mi primera obra escrita. La segunda es que me impulsó a estudiar la universidad. Esto es importante: estudié filosofía porque Jean-Paul Sartre y Albert Camus, eran dramaturgos y después filósofos. Estudiar Literatura jamás fue opción. Así que fueron mis modelos a seguir inclusive a la fecha. De la experiencia universitaria y de las tablas aprendí, además porque lo viví de primera mano, que al no ser hijo, nieto, hermano, sobrino o protegido de nadie, el camino sería largo… por melodramático que se escuche decidí remar siempre a contra corriente. Aquí sigo, aunque la vida misma es un obstáculo a vencer. Comencé a escribir porque pensé que la escritura era más sencilla que los largos procesos de ensayos, gran falsedad. Sobre todo, comencé a escribir porque las obras que veía en la escena no me gustaban, sentía, según yo, que podía hacerlo mejor.
Hubo dos montajes que me abrieron los ojos: Cuarteto de Heiner Müller, dirigida por Ludwik Margules y Carta al artista adolescente de James Joyce, adaptada por Luis Mario Moncada, puestas en escena inolvidables que me hicieron enamorarme de la escena y que llegaron a mi vida en un momento ideal.


¿Qué preguntas siguen alimentando tu práctica? ¿Qué anhelos tienes por vivir dentro de las artes escénicas?

No me gusta seguir modas. A mi arribo a la Ciudad de México estaba en auge el Teatro Argentino y ciertas obras del Teatro Alemán, el posdrama, entre otras cosas, que al leerlas, con toda honestidad lo digo, no me parecían lógicas, se me hacían divertimentos con terminología rimbombante. Sobre todo, porque tanto la teoría o las formas que leía eran refritos de teorías y postulados artísticos bastante añejos, digamos, disertaciones con tufo de los años 60 en el siglo XXI. En este sentido, batallé bastante en mi pragmatismo por entender qué era la dramaturgia contemporánea en ese momento. Soy mexicano sí, pero por mi vecindad con Estados Unidos leí primero a autores estadounidenses que a mexicanos, no me apena decirlo. Después descubrí que Sergio Magaña, Juan Tovar, Salvador Novo y Óscar Liera nada tienen que pedirle a los dramaturgos de otras tradiciones. Y tal vez soy un personaje decimonónico, pero siempre apostaré por la estructura aristotélica de inicio, los griegos, por Lessing, por escribir con coherencia. Una vez que logras eso, dar el salto hacia la abstracción es inmediata y sin discursos de “ingenierías teatrales, arquitecturas escénicas, paradigmas y nuevos lenguajes», demagogia pura que vende bien.
El peligro de las modas está en la repetición de la fórmula y los temas. Hubo una obra llamada La noche árabe de Roland Schimmelpfennig que tuvo gran impacto en el teatro mexicano del centro del país, por lo menos leí cinco obras copiadas al pie de la letra en un afán de los hacedores por ser contemporáneos. Así que al darme cuenta de eso entendí que, si no me interesaban ni esas formas ni las temáticas, debía de ser fiel a mi propio impulso y sensibilidad. De modo que hasta la fecha únicamente escribo acerca de la vejez, el tiempo, la guerra, la política y la soledad, son los temas que retratan a la naturaleza humana como la entiendo desde mi realidad de origen. Mejor aún, son las preocupaciones existencialistas que me ocupan y siempre intento explorar a partir de la lengua, del lenguaje y no de la forma, ni del espacio, alejado de las estructuras obligadas pues… de qué me sirve llenar una hoja de dibujos o palabras volando, cayendo. Sobre el escenario lo que vendes en el papel no es lo que queda al final. Así pues, ¿escribimos para el papel o para las tablas? No invento el hilo negro, ni intento aleccionar, cada quien descubre cómo debe trabajar para ser fiel a su propia naturaleza.
Mi anhelo es seguir escribiendo, consolidar el equipo de trabajo de Calypso Producciones con mi amiga y hermana Graciela Cázares. Hacer teatro bajo nuestras propias condiciones hasta donde sea posible. Crear un equipo de trabajo estable… llegar a la escena siempre.

Describe tu quehacer teatral en tres palabras. ¿Qué hace de tu forma de habitar el teatro una práctica singular y distinta a las demás?

Soy bastante honesto con mi escritura. No vendo espejismos, ni discursos para sonar más inteligente; sencillamente escribo desde una necesidad por explorar el caos humano que de alguna forma le otorga una lógica a mis problemáticas personales.
Me gusta el perfeccionismo al escribir. Cada obra que he escrito pasa por un largo proceso de edición. No me gusta soltar obras a medias, me tardo, claro, pero al ser las palabras los detonantes de la acción y la progresión, éstas para mí deben ser las ideales, aunque por supuesto siempre perfectibles. Además, el perfeccionismo es subjetivo.
La coherencia es fundamental para escribir. Intento no traicionarme a mí mismo, no repetirme y tratar de escribir así como lo expongo cuando doy un taller.

Lo único que tal vez puedo hacer diferente a los demás está en la exposición de los temas, en las preocupaciones del alma. Todos podemos escribir, la única diferencia entre unos y otros es la sensibilidad, además del estilo, eso no puede copiarse fielmente.

¿Cuál consideras que es la importancia del teatro en este momento histórico?

Lo primero que preguntaría es: ¿bajo qué contexto? ¿En el contexto pandémico o político? En ambos casos vivimos un momento caótico y existencial parecido a la posguerra de la Segunda Guerra Mundial. Previo a la pandemia, vimos en Europa el resurgir de la extrema derecha, del racismo radical por la necesidad nacionalista de varios países que están de nuevo en una búsqueda de identidad de frente al mundo. Lo cual es un peligro inminente por lejano que parezca. Pareciera que lentamente vamos de regreso a la guerra fría, pero ahora además sumando el universo virtual que es más maleable. En México vivimos un cambio político de proporciones épicas y no positivo del todo. Creo que en nuestro contexto hace falta bastante crítica y honestidad para decir si en verdad vamos bien como país. Creo que no, pero, vaya, mis razones tengo y no intento convencer a nadie.
La pandemia es un mal mayor, una limpia casi mística de la naturaleza sobre el ser humano. Hoy los humanos tienen miedo de otros humanos, algo divertido que puede dar muchas ideas para escribir. No me preocupa tanto la muerte como la permanencia en un mundo cada vez más desolador. La tarea del teatro, en todo caso, está en dejarnos de estupideces y escribir con verdad acerca de cada una de las cosas que nos duelen y afectan, sin impostaciones. Ser sucios… la pandemia en sí misma es suciedad… el arte en sí mismo al estar vivo está relacionado con toda aquella podredumbre, sudor, humores, sentimientos que son metáforas de la enfermedad. Las aristas pandémicas y políticas son infinitas, basta con pensar como hacedores teatrales a qué estamos dispuestos a confrontarnos. A decir la verdad de frente.

¿Qué crees que debería cambiar en nuestro modelo teatral?

Hay que perder el miedo a ser mexicanos, entender que nuestra realidad es exactamente igual de poderosa y universal que aquella de los alemanes, españoles, franceses, ingleses, et. al. Sigo viendo bastante negacionismo cultural. ¿Por qué huimos de nosotros como cultura, acaso no tenemos las mismas problemáticas que los extranjeros? México es más que cultura prehispánica, penachos y mantas sobre la piel, ese es un malentendido.
De las últimas generaciones, esas de las cuales aprendí, David Olguín, Hugo Salcedo, Jaime Chabaud, Luis Mario Moncada, entre otros, nos han enseñado a no temer a lo mexicano, a explorar la vías del discurso nacional. Ni qué decir de Víctor Hugo Rascón Banda, podemos estar de acuerdo o no con sus formas, pero sus logros son mayúsculos.
Alguna vez tuve un encuentro público con Mike Bartlett, dramaturgo inglés, aquí en la Ciudad de México. Lanzó unas instrucciones bastante desafortunadas a las que ninguno de los asistentes replicó. Dijo: «Soy inglés, clase media, puedo hablar de problemas de pareja, política porque esa es mi realidad; ustedes como mexicanos hablen de lo que son: Frida Kahlo, Diego Rivera». Yo pregunté si, al no ser ingleses, no podemos abordar otros temas que no fueran los que él sugería para los mexicanos. Guardó silencio.

Si no alzamos la voz, corremos el riesgo de continuar siendo una colonia a la cual se le puede vender cualquier moda a cualquier precio, como siempre ocurre. Es tiempo de confrontarnos con aquello que estamos haciendo mal y no ser consumidores solamente, sino exportadores combativos de nuestra cultura escénica. Perdamos el miedo inclusive a nuestros nombres.

¿Qué le deseas a la siguiente generación de hacedores teatrales?

Bajo el riesgo de sonar como anciano: que estudien. Que cuestionen. Que se equivoquen. Que sean humildes. Que no caigan en las trampas del conformismo generacional. Que se esfuercen por encontrar su propia voz a pesar de que puedan equivocarse, es válido. Que no crean ciegamente en nada ni en nadie. Antes de comprar cualquier ideología, sepan bien por qué lo hacen. Aprendan a reconocer quién vende espejismos y quién certezas. Que como mexicanos también son parte de este mundo y como tal deben explorarlo. Aléjense de los malos profesores. Antes de hablar, sepan bien a bien qué significa cada palabra.

Si el teatro es el arte del encuentro con el otro ¿cómo enfrentas la emergencia que vivimos ante el COVID-19? ¿Qué deseas que ocurra cuando volvamos a estar juntos?


La enfrento con muchísimo cuidado. En este momento estoy por estrenar una puesta en escena, Fariseos. Tanto el equipo como yo estamos agotados. Solo esa pasión que nos mueve por la escena nos mantiene activos, pero queremos terminar, descansar, darle la vuelta a la página. En ocasiones, ni siquiera el amor da todo para seguir en la batalla.
Deseo algo bastante complejo: que seamos mejores personas, que entendamos por fin que no estamos solos en este mundo y lo que hacemos afecta al otro y viceversa, que no todos somos privilegiados y que nada nos da derecho de pisotear al otro. Nos falta bastante generosidad.

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Mauricio Garmona

Instantánea: 7 preguntas sobre teatro en estos tiempos que corren.

Mauricio Garmona

46 años / México, Tlaxcala, Apizaco

Lugar principal de trabajo (País, estado, ciudad): México, Ciudad de México / Tlaxcala, Apizaco

Oficio: Director, actor, docente

¿Cómo iniciaste dentro de la disciplina teatral? ¿Por qué decidiste dedicarte a ella?

Inicie en un taller de teatro en Apizaco, Tlaxcala en la última fase de mi adolescencia, cuando la presión del tiempo me indujo a buscar un oficio afín a mi carácter imaginativo. Por mucho tiempo pensé que se debió a mi buena fortuna porque fue la última opción que se me presentó como profesión. Más tarde un recuerdo de mi infancia me reveló la noción de que alguien siempre me observaba desde cualquier escondite donde me encontrara, así que no hallé más remedio que actuar siempre para ese ente desconocido. Aquello fue mi refugio, me convertí en actor y espectador de mis propias ficciones. Lo disfruté entonces y ahora lo disfruto con mucha mayor consciencia ante el público real, quien ha tomado ese rol divino de antaño. Esta reflexión la tuve mientras era estudiante del Centro Universitario de Teatro, entre 1997 y 2002, sin embargo, nunca olvido la magia de cuando fui novato, cuando el teatro me atrapó en sus redes para siempre; donde me permito seguir siendo ingenuo, curioso, atrevido, y un apasionado de la vida.
Decidí dedicar mi vida al teatro porque es el único lugar donde se me revelan la verdad y la mentira, donde se me aparece al desnudo la conducta humana; porque es un fenómeno singular paralelo al mundo real, donde se revela el principio de cualquier conflicto, ridícula, dolorosa o absurdamente, fuera de cualquier ideología.

¿Qué preguntas siguen alimentando tu práctica? ¿Qué anhelos tienes por vivir dentro de las artes escénicas?

Desde las preguntas básicas ¿quién soy? y ¿a dónde voy? hasta las más desesperadas: ¿para qué o para quiénes hacer teatro? Una de las preguntas más urgentes para mí en este momento es ¿cómo lograr que el arte escénico sea una necesidad cubierta en nuestra sociedad sin que forzosamente tenga que institucionalizarse?
Uno de mis grandes anhelos es que la hegemonía del arte escénico deje de congregar élites, se conduzca con ética y se reconozca entre la diversidad de sus comunidades.

Describe tu quehacer teatral en tres palabras. ¿Qué hace de tu forma de habitar el teatro una práctica singular y distinta a las demás?

Libertad, pasión, colectividad.
El teatro me apasiona porque sacude todo mi sistema nervioso al compartirlo con mis alumnos, por ello es siempre disfrutable. Cada actividad relacionada con las artes escénicas me invita al viaje del héroe a la manera de Joseph Campbell: no puedes regresar al plano real si no es transformado.

¿Cuál consideras que es la importancia del teatro en este momento histórico?

El teatro siempre será importante y necesario, pero no es lo más urgente ahora. Cobraría muchísima más importancia si camina de la mano con el sentir social. Por consiguiente, hace falta que el teatro mexicano conecte con el entorno y se aprenda a mirar hacia dentro.

¿Qué crees que debería cambiar en nuestro modelo teatral?

Pienso que no existe un modelo teatral, aunque sí un modelo institucional que se ha encargado de poner en disyuntiva a todo el teatro en México. Este patrón se sigue reproduciendo sistemáticamente al interior del país y es lo que ha dañado al teatro mismo.
Considero que el teatro institucional debería de ser más incluyente y menos paternalista. Es urgente descentralizar al teatro en todo el país. Hace falta un banco de agremiados que facilite la distribución justa de los recursos para financiar proyectos y actividades equitativamente. Soy tlaxcalteca y he tenido que ir y venir desde Tlaxcala a la Ciudad de México para no perder vigencia en ambos lugares; aunque por una parte no quiero perder el contacto con mi identidad, por la otra he llegado a sentir que no soy ni de aquí ni de allá. Así es como se ha venido legitimando la actividad profesional y el sistema cultural y artístico en el país, desde hace décadas.
Ocurre lo mismo en todo México; no solo no hay cohesión en el teatro sino en todas las artes. No siempre se toma en cuenta que venimos a la Capital desde distintos puntos de la República Mexicana para formarnos profesionalmente para regresar a compartir el saber adquirido a nuestro estado. Se debe descentralizar la actividad artística.

¿Qué le deseas a la siguiente generación de hacedores teatrales?

Que se dignifiquen siempre, sean más rebeldes y menos dependientes de sus mentores para conseguir ser libres. Que resistan a la tentación de alienarse a las industrias del espectáculo. Que luchen por sus prestaciones de ley y derechos laborales ante las producciones privadas e institucionales.

Si el teatro es el arte del encuentro con el otro ¿cómo enfrentas la emergencia que vivimos ante el COVID-19? ¿Qué deseas que ocurra cuando volvamos a estar juntos?

Desde que comenzó el confinamiento me incliné por la reflexión. Es muy importante resistir corresponsablemente al aislamiento. Mucha gente está muriendo ahora, está convaleciente o se quedó sin trabajo, por lo tanto, está sin sustento. Pienso que es excesiva la actitud de sublimar el teatro virtual o presencial en medio de esta crisis tan atroz para todo el mundo.
Deseo que haya más empatía para con quienes menos tienen, que trabajan diez veces más para su supervivencia y que no están pensando en ver teatro por internet. Tal vez no habrá teatro por ahora, pero mantengamos viva la esperanza de que llegará ese día nuevamente en que nos sintamos con toda la dicha para compartir el hecho escénico en vivo, como debe de ser. Hoy no lo creo posible, así que seguiré en la reflexión.

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Alain Kerriou

Instantánea: 7 preguntas sobre teatro en estos tiempos que corren.

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56 años / México, Ciudad de México

Lugar principal de trabajo (País, estado, ciudad): México, Ciudad de México

Oficio: Diseñador escénico, artista interdisciplinario

¿Cómo iniciaste dentro de la disciplina teatral? ¿Por qué decidiste dedicarte a ella?

Inicié en 1988 en un taller con Hugo Hiriart, que formó la compañía Nueva comedia, donde debuté como actor, co-director, co-dramaturgo y diseñador escénico. Debutamos en el teatro del Centro Universitario de Teatro, con el montaje La noche del naufragio. Decidí dedicarme al arte escénico como una necesidad de integrar diversas prácticas artísticas.

¿Qué preguntas siguen alimentando tu práctica? ¿Qué anhelos tienes por vivir dentro de las artes escénicas?

Como artista interdisciplinario me pregunto sobre la elasticidad y cruces de discurso entre la escena y el mundo conceptual, así como el mundo conceptual se alimenta de algunos conceptos de la escena.
Pienso en los modos como la escena juega en el psicoanálisis y en la filosofía constructivista, conceptos como performatividad, puesta en escena, dispositivo, representación, proyección, símil y simulacro, texto-tejido-urdimbre, etc. Como diseñador de espacio pienso en topologías y tópicos y en su diseño para la acción y el pensamiento.
Mi anhelo es una escena expandida de la mano de las artes vivas, una comunidad comunicante, no urgida de protagonismo, si de intercambio emocional.

Describe tu quehacer teatral en tres palabras. ¿Qué hace de tu forma de habitar el teatro una práctica singular y distinta a las demás?

Interdisciplinario, simultáneo, híbrido, volumétrico.

 

¿Cuál consideras que es la importancia del teatro en este momento histórico?

Una experiencia subjetiva generadora de lazos, de vasos emocionalmente comunicantes, la experiencia personal compartida y atmosférica.

¿Qué crees que debería cambiar en nuestro modelo teatral?

Experimentar nuevos modelos de creación, con juegos de jerarquización novedosos, invención de nuevos géneros y traslapes con otras disciplinas. Salir del teatro y retomar las vanguardias, nuevos lugares para la escena y evitar el teatro a la italiana.
Ampliar la escena como experiencia y adelgazar el espectáculo, o no. Exacerbar la hibridación o la tradición, experimentar con claridad la contradicción entre heterodoxia y ortodoxia, sin convicción de purismo y con valores bastardos.

¿Qué le deseas a la siguiente generación de hacedores teatrales?

Mirar al pasado como espíritu contemporáneo, dudar siempre de lo «novedoso».

Si el teatro es el arte del encuentro con el otro ¿cómo enfrentas la emergencia que vivimos ante el COVID-19? ¿Qué deseas que ocurra cuando volvamos a estar juntos?


Deseo minimizar el mundo virtual de los medios y construir más un arte matérico, una necesidad de anclarse en lo manual que se comparta como un bocado contaminado, una incorporación con riesgo no irresponsable. Asumir el peligro como lengua del presente.

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Instantánea: 7 preguntas sobre teatro en estos tiempos que corren.

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60 años / México, Veracruz, Tuxpan

Lugar principal de trabajo (País, estado, ciudad): México, Ciudad de México

Oficio: Periodista

¿Cómo iniciaste dentro de la disciplina teatral? ¿Por qué decidiste dedicarte a ella?

En la secundaria participé en la representación de El Auto de los Reyes Magos. Una vaga intuición me hizo percibir en aquel ejercicio que el teatro era como de otra dimensión; un juego cercano y ajeno a un tiempo. No lo supe precisar entonces y quedó ahí. Luego estudié periodismo y entre mis intereses culturales siguió figurando el teatro. Durante mis años en Gaceta UNAM, fui asignado a la cobertura de la Coordinación de Difusión Cultural. Ahí pude entrevistar, entre otros, a Luis de Tavira por el estreno de La séptima morada; a Héctor Mendoza, por Secretos de Familia; a Alejandro Aura por Los empeños de una casa. Asistí entre maravillado y perplejo al descubrimiento de Francisco Tario y El caballo asesinado. El teatro se instaló de nuevo en mí.
El periodismo procura a sus practicantes un lugar de primera fila frente los acontecimientos que importan. A poco de estar en ese sitio de privilegio, uno quiere indagar y descubrir más acerca de lo que escribe. Eso me ocurrió con el teatro y por ello parte de mi ejercicio profesional está dedicado a preguntarme, desde la crítica y el ejercicio periodístico, sobre lo que podemos decir y comunicar acerca de este arte esencialmente inefable.

¿Qué preguntas siguen alimentando tu práctica? ¿Qué anhelos tienes por vivir dentro de las artes escénicas?

¿Qué tanto el desplazamiento del pensamiento crítico acerca del teatro y las artes escénicas está relacionado con un modelo de difusión que privilegia la comercialización de las obras como parte de la sociedad del espectáculo y del entretenimiento, y no como una experiencia vital y humana? ¿Puede aspirar el lenguaje escrito a dar cuenta de la experiencia efímera que supone la complejidad de una puesta en escena? ¿Cómo equilibrar el papel del crítico como analista del acontecimiento teatral y las tendencias recientes, según las cuales su papel no es juzgar –algo implícito en ese análisis– sino solo mediar entre el público y las obras? ¿Qué tipo de consumo cultural se promueve desde los medios? ¿Cómo puede la crítica y el periodismo favorecer la formación de públicos y no solo promover al teatro como una forma de distracción?
Mis anhelos dentro de las artes escénicas y desde el periodismo tienen que ver con la existencia de un periodismo y una crítica no complaciente ni de amigos, que cuenten con las herramientas de análisis que permitan, en su caso, confrontar el status quo que prevalece en nuestro medio y que con frecuencia invade a los hacedores y creadores escénicos.

Describe tu quehacer teatral en tres palabras. ¿Qué hace de tu forma de habitar el teatro una práctica singular y distinta a las demás?

Periodismo teatral.
Habitar el teatro desde el periodismo y la crítica implica un constante compromiso con la preparación que permita tener las herramientas teóricas y discursivas para diseñar entrevistas, notas informativas y críticas que no se queden en la inmediatez del «de qué trata» una obra, sino que cada pieza sea un oportunidad de reflexionar con los espectadores y creadores sobre las formas de representación, de los procesos creativos que conducen una obra al escenario, como forma de favorecer la relación inmediata de los espectadores con las obras, condición indispensable de la experiencia estética.
Nuestro ejercicio está orientado a una deliberación que se pregunta por los valores del fenómeno teatral (actorales, dramatúrgicos, escenográficos, ideológicos) y que apuesta por la formación de audiencias críticas y mejor dotadas para apreciar y disfrutar el hecho escénico.

¿Cuál consideras que es la importancia del teatro en este momento histórico?

En este y en todo momento histórico, el teatro es relevante por su capacidad de generar un discurso paralelo y opuesto al que priva en la cultura hegemónica que normaliza interpretaciones y visiones del mundo que responden a intereses y necesidades, que con frecuencia no son los de la colectividad. El teatro está ahí para mostrar, mediante la comedia o el drama, las imposturas de hombres y sociedades y para señalar, mediante la identificación, la no identificación y hasta mediante la confrontación, de dónde cojean las verdades que en cada época son asumidas por todos, pero no para proponer otras, sino como una permanente indagación que se pregunta sobre lo humano.
Ese constante preguntarse sobre sí mismo y sobre lo demás es lo que ha otorgado y otorga al teatro su condición de posibilidad, en todo tiempo y lugar.

¿Qué crees que debería cambiar en nuestro modelo teatral?

Desde la perspectiva comunicacional, debería cambiar el modelo de difusión teatral de conferencias de prensa en donde el objetivo es dar a conocer al público que una obra estará en cartelera, pero sin hablar del teatro mismo. Reporteros poco familiarizados con el arte y los términos teatrales y compañías poco interesadas en profundizar sobre su propio quehacer se combinan para seguir en un modelo de comunicación y difusión del teatro que no contribuye a la formación de nuevos públicos, ni se refleja en el ingreso en taquilla, que es lo que paradójicamente se busca.
En el fondo parecería como si tanto productores, directores, dramaturgos y elencos se consideraran en la obligación de no ir más allá de las generalidades cuando hablan de su quehacer; como si el teatro mismo tuviera miedo de no ser comprendido, de evitar o eludir hablar de las honduras que implica el proceso de montaje de una obra, por pensar que nadie entendería, y así el teatro se derrota un poco a sí mismo, pues considera al público como un consumidor al que hay que dar gusto en la lógica del mercado y al que por lo tanto se debe convocar desde la lógica de la diversión y el entretenimiento.
Más extraño resulta esto cuando muchos creadores coinciden en que resulta más enriquecedor el proceso que el resultado, pero privan del conocimiento de éste al público receptor de las obras, cuando el camino recorrido hacia lo que se mira pudiera proveer de mayores elementos para la recepción de cualquier obra, es decir, para cuando se produce el milagro de la transfiguración sobre el escenario.
Aun cuando se insiste en señalar que el proceso creativo que conduce a una puesta en escena es algo íntimo, mucho favorecería la comprensión del arte teatral, no solo en la formación de críticos sino en la apreciación de los públicos, si cada compañía permitiera el acompañamiento de un comunicador teatral que reseñe paso a paso la composición de un montaje.
Quizá la nueva realidad en que estamos favorezca este tipo de iniciativas que permitan atraer de nuevo al público.

¿Qué le deseas a la siguiente generación de hacedores teatrales?

Un ejercicio muy deliberativo acerca de sus responsabilidades artísticas y de su papel en la revaloración social del teatro.

Si el teatro es el arte del encuentro con el otro ¿cómo enfrentas la emergencia que vivimos ante el COVID-19? ¿Qué deseas que ocurra cuando volvamos a estar juntos?


La enfrentamos desde el estudio y la reflexión, así como asistiendo a las diversas propuestas que se presentaron vía Online y tratando de dilucidar los lenguajes en que incursionó el teatro ante el confinamiento de los cuerpos.
Ahora que empezamos paulatinamente a encontrarnos espero que el teatro, consciente ya de su condición prescindible, persista en seguir dando cuenta de esa otra voz, a veces indecible e inaudible de la experiencia humana.

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Luis Santillán

Instantánea: 7 preguntas sobre teatro en estos tiempos que corren.

Luis Santillán

63 años / México, Ciudad de México

Lugar principal de trabajo (País, estado, ciudad): México, Ciudad de México

Oficio: Dramaturgo, señor de las sombras

¿Cómo iniciaste dentro de la disciplina teatral? ¿Por qué decidiste dedicarte a ella?

Propiciándome tiempo de ocio.
Impulsado por el mucho tiempo de ocio que coleccionaba en el Colegio de Ciencias y Humanidades Sur de la UNAM, donde pasaba el día en el cubículo del entonces Consejo Estudiantil Universitario, llegué al salón de teatro y lo que encontré ahí me atrapó. Ya en la Facultad de Filosofía y Letras, la capacidad por generar tiempo de ocio me mantenía en la cafetería más horas de lo que una persona productiva se lo permitiría; el cambio de administración de esa cafetería y la invitación de Fernando Martínez Monroy para entrar a su clase de Composición dramática me llevó a la dramaturgia.
Soy producto 100% de la UNAM, sin el CCH, sin la Fac. jamás me hubiera iniciado en la disciplina teatral; si no hubiera pasado por las clases de la Facultad de Arquitectura nunca hubiera disciplinado mis procesos de escritura. No tengo un “cómo” mágico, ancestral, genético, epifánico, ni siquiera los elementos para armar una buena historia que entretenga un poco. Llegué al teatro porque no tenía más a dónde ir.
Llegué a la dramaturgia quizá porque es el único lugar al que vale la pena ir.

¿Qué preguntas siguen alimentando tu práctica? ¿Qué anhelos tienes por vivir dentro de las artes escénicas?

Las preguntas cambian tanto como la luna. En este periodo la pregunta que me lleva a escribir es: ¿Qué obra les gustaría ver a mis hijas? Y a partir de eso surgen tantas como lo necesite el texto. La mayoría son sobre la estructura, intercalando constantemente “¿alguien querrá leer esto?”. Propiamente no son las preguntas las que alimentan la práctica, sino las provocaciones.
Anhelo ser dramaturgo residente, de un espacio, de una compañía. Tener procesos de largo aliento donde el texto sea sobre las necesidades y posibilidades de los residentes. Anhelo, en otro periodo, ser dramaturgista residente de un espacio. Escribir para generar públicos cautivos a partir de personalizar las propuestas de los espacios.
Y Scarlett y Sarah Josepha me recriminarían para siempre si no pongo: Anhelo la paz mundial.

Describe tu quehacer teatral en tres palabras. ¿Qué hace de tu forma de habitar el teatro una práctica singular y distinta a las demás?

Incertidumbre, zozobra, caos.
Decir que es distinta a las demás puede resultar falso. Leo y veo lo que hacen los demás y, aun cuando no quiera, existe la influencia, quizá de manera inconsciente, quizá muy consciente.
Me gusta pensar que habito el teatro como se habita un espacio de transición, como si fuera un extranjero o una especie de “Alicia”, “como se habita el olvido”.
Quizá, y solo quizá, lo puedo volver singular porque lo veo desde la incertidumbre, la curiosidad, el juego, el asombro; porque me interesa el teatro de línea anecdótica, el que se sostiene por medio de la ficción.

¿Cuál consideras que es la importancia del teatro en este momento histórico?

Imagino al teatro como un ser antediluviano, por eso creo que es el mismo de los últimos dos mil y pico de años: su importancia está en que nada más tiene la capacidad de ficción, de transmutación, de traer al presente lo que está en ausencia, de poner a la persona ante la persona.

¿Qué crees que debería cambiar en nuestro modelo teatral?

El cambio necesario y urgente debería suceder tanto en los recintos y las instancias que programan y distribuyen los recursos.
Los recintos deberían ser generadores de sus públicos, promotores de un compromiso con quien consume sus ofertas. Si los recintos crean público a partir de su propuesta de cartelera, de su apuesta estética, de una visión que les defina tanto en lo creativo como en la atención al público podrán incidir en generar todo lo demás cambios.
Las instancias pueden ser los motores de vinculación para que el modelo se ramifique, para que el espectro se enriquezca. Si bien es importante replantearse cómo los financiamientos pueden ser posibles, igual de importante es que asuman que las apuestas creativas deben estar equilibradas con la creación de públicos y la diversificación de manifestaciones escénicas para poder cubrir varias capas de la sociedad.
Un creador puede generar un público que le siga, si los espacios e instancias quieren seguir siendo los “caseros”, el modelo no podrá cambiar.

¿Qué le deseas a la siguiente generación de hacedores teatrales?

Vino y fortuna.
Un mundo habitable.
Un México donde las instancias de gobierno entiendan que invertir en el teatro es una prioridad, que al teatro no le es ajeno estar en los terrenos de activación económica, en la inserción social, en la consolidación cultural.

Si el teatro es el arte del encuentro con el otro ¿cómo enfrentas la emergencia que vivimos ante el COVID-19? ¿Qué deseas que ocurra cuando volvamos a estar juntos?


El encuentro con el otro se sigue dando, negarlo implica desvalorar a quienes habitan con sus familias y se han visto obligados a reencontrarse, convivir y descubrirse en el confinamiento. Aunque eso no es teatro, claro. Aunque yo crea que habito una tragicomedia. Aunque…
Yo no enfrento la emergencia, como un segmento de la población la veo desde la ventana o los noticieros y la padezco. Permanezco como testigo de la historia; quizá, si algún productor lo propone, pueda convertirme en alguien que la registre de manera ficcional por medio de la escritura y sólo así la enfrente. ¿Por qué no lo hago en este momento? Porque para mi voluntad es el momento de hacer silencio y escuchar, observar, aprender.
Deseo que el público sea más exigente. Que asumamos el reto de generar ficciones con la suficiencia para convocar al público que hoy está cómodo con las opciones de entretenimiento que tiene.
La COVID-19 ha exhibido la nula aportación de la cartelera teatral a la sociedad. Los teatros están cerrados y el público halló refugio en todas las opciones que pueden llegar a su hábitat. Esto es una oportunidad para renovarse, para volverse terco, para volverse loco. Y en unos años podremos ver qué provocó esta pandemia. El virus cambiará de nombre y la humanidad se volverá a saber frágil, pero el confinamiento no puede ser igual, el teatro va a hallar cómo usar otras herramientas, otras tecnologías, otros recursos, ese es un camino que deseo se empiece a recorrer.
Deseo que el teatro siga siendo el lugar de encuentro con el otro, de manera presencial, pero también a distancia, de forma virtual, con todas las posibilidades que se están abriendo.
Deseo que seamos como esas generaciones que tuvieron que aprender a no olvidar y usaron el teatro como el medio idóneo para hacerlo.

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Hoy estrenamos

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Hoy estrenamos

Hoy estrenamos. Ayer fue un ensayo general difícil, se nos cayó la transmisión. No sé por qué sucedió eso, si se supone que hemos trabajado para tener las mejores condiciones, el mejor equipo y ajustarnos a lo que hay. Algo no se está dando de la mejor manera.

Ayer Ricardo y Miriam, se quedaron trabajando más tiempo, después de que suspendimos el ensayo, eso me tranquilizó.

¿Qué hacer hoy si eso nos vuelve a pasar?

Espero que eso no suceda, y que mi corazón y mi mente estén en la ficción y no en la preocupación por la señal.

He estado en contacto con Fausto para saber qué podemos hacer. Espero que esto se solucione.

Ayer me quedé rara, en parte por suspender el ensayo y en parte por enterarme que es posible que volvamos a semáforo rojo. Los contagios siguen y la UNAM sacó un comunicado diciendo que no se volverían a actividades presenciales hasta el 2021.

Qué situación tan rara. Pero habrá que adaptarnos. Adaptarnos y trabajar.

Me gusta este proyecto, pero deseo que salga de la mejor manera para que pueda resultar una experiencia agradable al público.