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Día: 29 de julio de 2020

Alejandra Díaz de Cossío Salinas

Instantánea: 7 preguntas sobre teatro en estos tiempos que corren.

Alejandra Díaz de Cossío Salinas

55 años / Ciudad de México

Lugar principal de trabajo: México, Morelos, varios municipios de Quintana Roo, Playa del Carmen y Mérida, Yucatán

Oficio: Directora de teatro, actriz y Narradora Oral escénica

¿Cómo iniciaste dentro de la disciplina teatral? ¿Por qué decidiste dedicarte a ella?

Jugué mucho en mi infancia, tomé clases en el Centro de Arte Dramático y mis padres nos llevaban a muchos espectáculos de ballet, danza contemporánea, música y teatro, me encantó siempre el escenario.

¿Qué preguntas siguen alimentando tu práctica? ¿Qué anhelos tienes por vivir dentro de las artes escénicas?

¿Cómo encontrar lenguajes nuevos donde actores y espectadores vivan una experiencia en conjunto?

Quiero que sea más incluyente y que llegue a más población, que realmente se vuelva una práctica artística que muchas personas puedan experimentar, que no solo se quede en los grandes escenarios. Que con su gran poder para comunicar emociones y sensaciones provoque en el espectador una motivación.

Describe tu quehacer teatral en tres palabras. ¿Qué hace de tu forma de habitar el teatro una práctica singular y distinta a las demás?

Teatro para niños o familiar, es un teatro artesano, construyo cada elemento del espectáculo.

Me gusta usar diferentes técnicas escénicas sobretodo de títeres, objetos y pop up. También investigar sobre nuestra riqueza cultural y natural para trabajar temas poco o aún no explorados.

¿Cuál consideras que es la importancia del teatro en este momento histórico?

Conciencia colectiva, laboratorio para construir metáforas, espacio de reflexión y creatividad, espacio para exponer discursos

¿Qué crees que debería cambiar en nuestro modelo teatral?

Debe ser menos elitista, debe ser más incluyente. Tiene que ser más arriesgado, seguir buscando una identidad más auténtica, proponer una estética original a través de nuestra diversidad y riqueza cultural.

¿Qué le deseas a la siguiente generación de hacedores teatrales?

Que descubran más su país, que trabajen más con la riqueza cultural que tenemos, que vean otras maneras productivas de cultura en países latinoamericanos.

Si el teatro es el arte del encuentro con el otro ¿cómo enfrentas la emergencia que vivimos ante el COVID-19? ¿Qué deseas que ocurra cuando volvamos a estar juntos?

La emergencia está siendo devastadora en muchos aspectos, no me gustaría que se recurriera a lo virtual como la «solución para todo» el teatro es encuentro, dialogo, energía y comunicación.

Deseo que estos meses de encierro de verdad nos hagan replantearnos nuestra existencia en el planeta y seamos más sensibles y cuidadosos, todos necesitamos de todos.

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José Uriel García Solís

Instantánea: 7 preguntas sobre teatro en estos tiempos que corren.

José Uriel García Solís

28 años / Chilapa de Álvarez, Guerrero

Lugar principal de trabajo: Toluca de Lerdo, Estado de México

Oficio: Director

¿Cómo iniciaste dentro de la disciplina teatral? ¿Por qué decidiste dedicarte a ella?

Nací y crecí en un pueblo del sur, donde casi todos los días se convive con la teatralidad; desde las fiestas hasta los entierros. Todo entre música, danzas, procesiones, misas, limpias y demás rituales. De ahí mi concepción. El gusto y apreciación se me dio por añadidura.

De adolescente pasé por una compañía que me dejó la espinita y cuando tuve que elegir qué estudiar, opté por el Teatro. Así migré a Toluca, casi por arrebato de pasión, rebeldía e ignorancia, pues no sabía a qué tipo de vida me enfrentaría.

Realicé mis estudios universitarios en la Universidad Autónoma del Estado de México donde me formé e inicié mi carrera profesional con hacedores teatrales que marcaron significativamente lo que ahora soy.

¿Qué preguntas siguen alimentando tu práctica? ¿Qué anhelos tienes por vivir dentro de las artes escénicas?

Las mismas todo el tiempo: ¿Por qué hacer Teatro? ¿Para quién? ¿Con quién? ¿Dónde? ¿Es indispensable? ¿Qué puede aportar?

En ocasiones y por momentos, creo que tengo las respuestas, luego se esfuman y ya no hay. Tengo que volver a formularlas, a veces es para reafirmar otras, para obligarme a encontrar nuevas respuestas. Hay que decirlo, va de la mano con los años y las experiencias que me toca vivir. Tiempo atrás tenía una tremenda prisa por devorarme el mundo, ahora pido paciencia para tratar de comprenderlo y comprenderme a mí mismo.

En el Teatro mi anhelo es incidir.

Describe tu quehacer teatral en tres palabras. ¿Qué hace de tu forma de habitar el teatro una práctica singular y distinta a las demás?

Memoria, territorio, honestidad.

¿Cuál consideras que es la importancia del teatro en este momento histórico?

Arropar a la humanidad, ser consuelo, dotar de belleza, esperanza y, como me lo dijo Saúl Ordoñez, mostrar el horror para sacudirnos, porque también es necesario.

¿Qué crees que debería cambiar en nuestro modelo teatral?

Se debe erradicar cualquier tipo de violencia. Se deben de descentralizar las instituciones y sus programas, la mirada debe de estar presente de manera equitativa para cada rincón.

¿Qué le deseas a la siguiente generación de hacedores teatrales?

Rebeldía, empatía y resistencia.

Si el teatro es el arte del encuentro con el otro ¿cómo enfrentas la emergencia que vivimos ante el COVID-19? ¿Qué deseas que ocurra cuando volvamos a estar juntos?

Procuro sobrellevar este duelo, cuidarme y cuidar la salud de mi familia, atender a mi Padre y a mis hermanas, mantener comunicación con mis seres queridos. Apoyarnos en los momentos de mayor crisis.

Deseo que lleguemos los más posibles, que ganemos esta batalla. Que el aprendizaje nos permita renovarnos. Que el encuentro nos permita llorar y reír para exorcizar esta peste.

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Tatiana Olinka Maganda

Instantánea: 7 preguntas sobre teatro en estos tiempos que corren.

Tatiana Olinka Maganda

55 años / Ciudad de México

Lugar principal de trabajo: Ciudad de México

Oficio: Productora

¿Cómo iniciaste dentro de la disciplina teatral? ¿Por qué decidiste dedicarte a ella?

Inicie estudiando actuación, con la mira de ser directora. Mi abuela sembro en mi la semilla del teatro.

¿Qué preguntas siguen alimentando tu práctica? ¿Qué anhelos tienes por vivir dentro de las artes escénicas?

Siempre me enfrento a nuevos retos y busco la forma en que los procesos sean cada vez mejores, alcanzar la excelencia.

Describe tu quehacer teatral en tres palabras. ¿Qué hace de tu forma de habitar el teatro una práctica singular y distinta a las demás?

Organización, emoción y acción.

Es parte fundamental de mi razón de ser y estoy convencida de que cada día se aprenden cosas nuevas que implican nuevos retos.

¿Cuál consideras que es la importancia del teatro en este momento histórico?

La forma en que se manifiesta el pensamiento y emociones en respuesta a la experiencia actual.

¿Qué crees que debería cambiar en nuestro modelo teatral?

Deberían profesionalizarse los productores y creativos; así como una revisión a los procesos creativos para eficientarlos en beneficio de la puesta en escena. Buscar nuevas formas de financiamiento.

¿Qué le deseas a la siguiente generación de hacedores teatrales?

Que tengan la creatividad, la inteligencia y la fortaleza para seguir haciendo teatro.

Si el teatro es el arte del encuentro con el otro ¿cómo enfrentas la emergencia que vivimos ante el COVID-19? ¿Qué deseas que ocurra cuando volvamos a estar juntos?



Han sido meses de reflexión y revisión de lo que hemos hecho hasta ahora en nuestro día a día, a nivel personal y en colectivo.

Desearía que regresáramos con la actitud y creatividad necesaria para enfrentar los retos que vienen; seguir haciendo el teatro que nos gusta.

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Ariadna Medina

Instantánea: 7 preguntas sobre teatro en estos tiempos que corren.

Ariadna Medina

46 años / Mérida, Yucatán, México

Lugar principal de trabajo: Mérida, Yucatán

Oficio: Directora y productora

¿Cómo iniciaste dentro de la disciplina teatral? ¿Por qué decidiste dedicarte a ella?

Desde niña participé en todas las actividades artísticas de mi escuela. Fue gracias a mi maestra de literatura en la preparatoria, quien se preocupó por llevarnos a ver varias obras al teatro El Tinglado, que tuve mi primer contacto serio con el teatro. “Hecuba” me hizo pensar que lo mío era ser actriz.

Luego de trabajar con diversas compañías escénicas a lo largo de quince años, surgió en mí la necesidad de enriquecer mi formación para hacer un teatro más comprometido con lo social. Esto me llevó a fundar junto con Juan de Dios Rath en diciembre del 2008 Murmurante Teatro, un proyecto cultural ubicado en Mérida, Yucatán que cuenta con un foro de pequeño formato. Las acciones del grupo están encaminadas a la exploración del sentido del teatro contemporáneo y en los mecanismos de intercambio con otras disciplinas, tanto artísticas como científicas, en el ámbito nacional e internacional.

Como creadora, considero que el teatro, más allá del divertimento, debe tener el propósito de recuperar la sensación de la vida, de hacer que el espectador se cuestione su posición ante los problemas sociales que permean su entorno y que no sea el mismo al salir de la sala. Creo en un teatro sensible, íntimo, transformador, capaz de hablarle al oído al espectador

¿Qué preguntas siguen alimentando tu práctica? ¿Qué anhelos tienes por vivir dentro de las artes escénicas?

Constantemente estoy buscando nuevas estrategias para atraer al público y hacerle ver que existe un teatro diferente con un lenguaje poderoso que va más allá de lo comercial.

Entre las preguntas que me inquietan están: ¿Cómo competir con la televisión y las redes sociales para atraer a las audiencias jóvenes? ¿Qué problemáticas quiero abordar? ¿Cuál es mi compromiso con la sociedad a través de mi trabajo? ¿Qué lugar ocupa el activismo en mi quehacer teatral? ¿Hasta dónde me comprometo como persona y creadora? ¿Qué propone el teatro que hago para hacer la diferencia con las demás ofertas del gremio? ¿Cómo salir de mi zona de confort? ¿Cómo vincularme con otras disciplinas?

Debido a que soy directora y productora de Murmurante Teatro mis anhelos se enfocan en cómo afianzar la estabilidad económica y creativa del grupo. A corto plazo me gustaría concretar una red de colaboración con preparatorias y universidades, tal como la que impulsé recientemente con la Universidad Modelo donde se vinculó a los jóvenes creadores a los procesos artísticos de Murmurante Teatro.

También me interesa concretar residencias con creadores nacionales e internacionales que propicien el enriquecimiento de los lenguajes artísticos del grupo y que contribuyan a perfeccionar nuestro lenguaje documental.

Describe tu quehacer teatral en tres palabras. ¿Qué hace de tu forma de habitar el teatro una práctica singular y distinta a las demás?

Innovación, resistencia, redes.

Me veo como creadora e investigadora teatral y por ello me resulta importante establecer canales de comunicación transversal con sociólogos, médicos, psicólogos, criminólogos, trabajadores sociales, historiadores, activistas y expertos en temas de género, así como también artistas de otras disciplinas como la comunicación social, la creación sonora y audiovisual en distintos formatos multimedia, así como el cine documental.

En Murmurante Teatro no siempre sabemos lo que vamos a encontrar en cada proceso. No hay hipótesis previas sino que se van descubriendo en la medida en que profundizamos en la investigación

¿Cuál consideras que es la importancia del teatro en este momento histórico?

El teatro es un vehículo idóneo para acercarnos al espectador con el fin de provocarlo y concientizarlo.

Es momento de atrapar a través de plataformas virtuales a ese espectador distante que por alguna circunstancia no ha podido acercarse a nuestro trabajo. El teatro es una experiencia que solo se puede disfrutar en todo su esplendor en la presencia. Los grupos que tenemos la fortuna de contar con materiales audiovisuales en este momento podemos aprovechar las herramientas digitales y acercarnos a nuevos públicos.

Es una oportunidad para que al abrirse nuevamente las puertas de los espacios escénicos podamos recibir más espectadores. No hay que ceder ante las circunstancias adversas, hay que reinventarse. Y esperar nuestro regreso al escenario. Ahí donde la magia del teatro sucede

¿Qué crees que debería cambiar en nuestro modelo teatral?

Los modelos de creación y producción actuales son muy diversos. Considero que es importante abrir nuestra mirada hacia los grupos y espacios independientes y descubrir su pertinencia en el fortalecimiento del tejido social.

Es importante que el Estado se comprometa porque la cultura es un derecho que está establecido en la Constitución mexicana. Los grupos artístico somos aliados culturales, de tal forma que el Estado al invertir en cultura procura ciudadanos incluyentes, sanos y críticos con su entorno.

Deberían de existir más apoyos de producción y generación de proyectos independientes que, finalmente, son los que pueden provocar un cambio real en la sociedad.

¿Qué le deseas a la siguiente generación de hacedores teatrales?

Deseo que sea una generación crítica, comprometida y generosa con el quehacer teatral. Que escuchen su propia voz y que no se dejen seducir por la fama fácil. Que tengan un compromiso auténtico con su público. Que se cuestionen constantemente sobre su oficio y que no olviden la esencia del teatro.

Si el teatro es el arte del encuentro con el otro ¿cómo enfrentas la emergencia que vivimos ante el COVID-19? ¿Qué deseas que ocurra cuando volvamos a estar juntos?

En Murmurante Teatro la práctica de generar materiales audiovisuales para llevar un registro de nuestros procesos de trabajo se ha consolidado como una línea estética del grupo. Considero que es una fortaleza en este momento en que la actividad del teatro en presencia se ha detenido. Por lo anterior estamos realizando una programación de eventos por medio de la plataforma ZOOM en la cual pretendemos acercar al espectador a nuestro trabajo.

Deseo que nuestro encuentro sea entrañable y que no olvidemos la importancia de convivir y compartir el hecho escénico. El teatro es físico y presencial, esa es la cualidad que marca una diferencia con el resto de las artes. Ojalá que tanto creadores como público nos demos la oportunidad de volvernos cómplices.

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Juan de Dios Barrueta Rath

Instantánea: 7 preguntas sobre teatro en estos tiempos que corren.

Juan de Dios Barrueta Rath

47 años / Ciudad de México

Lugar principal de trabajo: Yucatán

Oficio: Creador escénico

¿Cómo iniciaste dentro de la disciplina teatral? ¿Por qué decidiste dedicarte a ella?

Como a los trece años vi una obra de teatro que me gustó, un hermano mayor me llevó a ver «Ubu Rey» con un grupo brasileño que andaba de gira en México. Luego cuando estudié la prepa entré a un taller de teatro y comencé a colaborar con algunos grupos amateurs y tomando talleres en la Casa del Lago. Al ingresar a la universidad me decidí por estudiar la Licenciatura en Teatro. Vi algunas obras que me animaron a ello como «La pasión de Pentesilea», «Yourcenar o cada quien su Marguerite», «Ubu Rey», «Jacques y su amo», entre otras. Me fascinó poder hacer y decir tales cosas en el escenario.

¿Qué preguntas siguen alimentando tu práctica? ¿Qué anhelos tienes por vivir dentro de las artes escénicas?

Las preguntas que el teatro me ha permitido hacerme van todas en relación a la condición humana.
Al principio trataba de comprenderme un poco mejor a mí mismo porque mi personalidad era tímida y muy contenida. Emocionalmente tenía problemas con mis padres, con el mundo, era algo violento y autodestructivo. El teatro me hizo saber que las metáforas sirven para la vida, para vivirla más plenamente, para saber que no estamos solos y que otros han enfrentado dilemas parecidos a los nuestros o han fracasado o se han enamorado o se han visto en todo tipo de situaciones límite frente a las cuales han tenido que decidir comprometiendo todo su corazón y su ser en esas decisiones.

Las preguntas van por ahí, especialmente en cuanto a que el teatro sirve para la vida. Produce conocimiento. ¿Para qué sirve el teatro? Creo que revela cosas de uno mismo y de los otros, cosas que son vitales, importantes para vivir o al menos para no morir.

Me encantaría difundir más el teatro, no solamente como práctica colectiva y pública, sino también como hábito de lectura y compartirlo con otros, con gente que nunca ha leído teatro o que nunca ha ido al teatro. Quisiera que descubrieran el placer de imaginar que están en una situación creada por Lope de Vega o Calderón o Shakespeare o Molière o Carballido o Chías y que responden a lo que sucede en ella. Que la gente común descubra en su propio cuerpo y voz la maravilla del teatro.

Describe tu quehacer teatral en tres palabras. ¿Qué hace de tu forma de habitar el teatro una práctica singular y distinta a las demás?

Produce conocimiento para la vida.

¿Cuál consideras que es la importancia del teatro en este momento histórico?

Es vital porque es un mecanismo de descubrimiento del ser. Es revelador. El teatro habilita a las personas, las vuelve maliciosas en el mejor sentido de la palabra, es decir, les despierta sus mentes y les hace ver cuán ridículos o cuan sublimes pueden llegar a ser en ciertas situaciones.

Es un conocimiento que el teatro revela de un modo especial, así como la música es vital o las otras artes, el teatro hace lo suyo y genera otro tipo de comunicación, de intercambio intersubjetivo como dirían los doctos.

¿Qué crees que debería cambiar en nuestro modelo teatral?

Nuestro modelo teatral responde a un modelo social y económico. A uno muy desigual, por cierto.

El modelo oscila entre el dominio pleno del mercado y sus reglas y por otra parte, el de los derechos sociales entre los cuales la cultura es uno de los más importantes. La revolución mexicana propició un modelo de sociedad en el cual los conceptos de educación, de cultura y de bienestar estaban fuertemente vinculados para formar una base social más articulada y homogénea que la que existía a principios del siglo XX.

Los rituales cívicos escolares que nos llegaron a resultar tan reiterativos y huecos, para ciertos grupos sociales significaron una forma de integrarse a una nación, a veces para bien y a veces no tanto, pues tenían que dejar de lado matrices culturales propias como la lengua y las costumbres en aras de alcanzar cierta movilidad social. Esa articulación hizo posible que las artes y la cultura fueran considerados derechos sociales y se crearon instituciones públicas que brindaban educación y cultura a las masas.

Actualmente habitamos las ruinas de ese modelo, cuyas instituciones han sido desmanteladas o privatizadas o abandonadas. El Fondo Nacional para la Cultura y las Artes ha sido una especie de parche o remiendo de un modelo de arte y cultura pública que se dio el lujo de tener instituciones como el Centro de Cooperación Regional para la Educación de Adultos de América Latina o la Red Nacional de Teatros del Instituto Mexicano del Seguro Social y del Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado, la Universidad, los teatros de Bellas Artes, los Centros de Iniciación Artística, en fin, una estructura de derechos sociales que fue destruida.

Los creadores necesitamos articular de nuevo los campos de la educación, la cultura y las artes. Entrar a las escuelas, propiciar presencia e intercambios con pueblos originarios, extender el concepto de cultura mediante prácticas transdisciplinarias, que flexibilicen las fronteras entre disciplinas artísticas, sociales y científicas. Las culturas comunitarias, las artes populares, las prácticas parateatrales deben ser recuperadas. Formas de teatralidad popular que se han ido muriendo porque no se les presta atención, se las ningunea porque el modelo actual concibe el arte y la cultura como un espacio estrecho donde se necesita estar legitimado por un aparato, tan estrecho como la academia, cuyas brillantes propuestas tienen relativamente escaso impacto en la sociedad.

Se necesita un mayor flujo intercultural, una mayor habitabilidad del espacio público y una mayor apropiación del discurso público por parte de todos los sectores de la sociedad. Lo público, lo que es de todos, así como lo fue el río para el pueblo y la ciudad en el pasado, la fuente, la iglesia, el manantial, la cueva, el cielo, el mar, todo eso que se ha ido privatizando y parcelando con los miserables límites impuestos por los «dueños» de las cosas y de los saberes.

¿Qué le deseas a la siguiente generación de hacedores teatrales?

Que sean más humildes y francos, que se animen a recorrer el país, que sean más solidarios con los compañeros, que tengan más espacios y apoyos públicos, que sean más considerados socialmente, que asuman que lo que producen es un conocimiento valioso sobre el ser humano.

Mayor autonomía y autogestión mediante leyes más justas de mecenazgo y valoración pública de las artes y la cultura. Que se abran los espacios educativos a la presencia de los artistas como mentores y no solamente como entretenedores.

Si el teatro es el arte del encuentro con el otro ¿cómo enfrentas la emergencia que vivimos ante el COVID-19? ¿Qué deseas que ocurra cuando volvamos a estar juntos?

Por el momento, aislado y recluido trato de ser paciente, de cuidarme, de conectar conmigo y con los otros por los medios digitales, esperando que algún día volvamos a estar juntos.
Desearía que todos tuviéramos mayor conciencia de lo valioso que es encontrarnos, de la gran ocasión que representa poder tocarnos y abrazarnos una vez más. Quisiera que esa conciencia posibilitara la prevención y el cuidado de todos hacia todos, la consideración y el cuidado hacia los que tienen capacidades diversas, hacia los ancianos, hacia los niños, conciencia del silencio que se produce cuando estamos reunidos y contemplamos algo que nos emociona.

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Experiencias.

En mi escritorio por comenzar a trabajar

Experiencias

Despersonalización. Alteración de la percepción o la experiencia de uno mismo de tal manera que se siente separada de los procesos mentales y de su cuerpo. Suelen ser constantes en los ataques de pánicos, periodos prolongados de estrés, ansiedad y depresión. La persona siente que está en un sueño, que su entorno es irreal. Yo pienso que Otelo le pasó esto, se despersonalizó. Llevo más de un año experimentando esta sensación. No podía describirlo hasta que leí el término. Interesante. Me identifico, siento un alivio. Una vez me degollaron, no lo sabía hasta que me lo dijeron. Me preguntaron por mi cicatriz en el cuello. Yo que pensé que no se notaba, pero es que yo la veo con amor. -¿Qué te pasó ahí? -Ah, me operaron de las cervicales. -¿Pero cómo? -Pues entraron por enfrente, con un instrumento apartaron mi tráquea y los órganos que se exponen en el cuello y con un microscopio procedieron. -Ósea, ¿te degollaron? Me quedé insólita. Como cuando un gato prueba por primera vez el helado. Sí, me degollaron. Hay un video al respecto. Lo voy a pedir. Creo que puede servir a manera de documento, me siento lista para verlo. Puedo imaginar mi piel abierta, mi carne expuesta, los órganos vivos, la sangre fluyendo, mientras yo ahí, inmóvil, como muerta. La primera vez que lo dijo Eloy, uno de mis cirujanos, sentí repugnancia, me lo dijo tan alegre. ¿Qué se siente estar muerto? Retóricamente por supuesto. ¿Has tenido alguna experiencia cercana a la muerte o algún suceso que remita a ello? En mi vida me han sometido a dos operaciones con anestesia completa. Recuerdo sólo llegar como al 8, la cuenta es regresiva empezando desde 10. Supongo que es protocolo porque las dos veces fueron así. La primera vez tenía 17 años, la verdad es que no recuerdo mucho el proceso pre operatorio. Pero el post, en sala de espera es de las peores experiencias de mi vida, jamás he sentido tanto dolor físico. Se puede morir por una anestesia mal aplicada. Que estresante debe ser anestesiólogo. La segunda vez estaba más nerviosa y el recuerdo está más fresco. No pude dormir, siempre es incómodo estar en un hospital. Cuando llegaron a decirme que me pasarían a la sala preoperatoria me puse muy nerviosa. Llegue, esperé. El primero en presentarse fue el anestesiólogo. Me preguntó mis datos, y me pidió que le explicara lo que me harían. Después se presentó́ un neurocirujano, me preguntó lo mismo. Después me pasaron a una sala más pequeña justo enfrente del quirófano. Yo pensé que ya me iban a meter cuchillo 😂 Llegó otro doctor, me preguntó lo mismo. Todos estábamos esperando al mero mero, el cirujano que operaría. Llegó dos horas tarde, el nervio se prolongaba y eso era torturante. Pero pensaba que más valía que el doctor durmiera bien. Me metieron al quirófano, otro doctor me preguntó otra vez lo mismo, me dijo -¿Eres médico? -No. -Es que sabes muy bien lo que te van a hacer y lo explicas con términos médicos. Visité a 3 cirujanos, entre ellos al mejor de México según San Google, al final no me decidí por él. El doctor Delfino me dió lo que nadie, confianza. La confianza no es fácil de ganar, no es sencillo de otorgar. (Yo creo que por eso Desdémona «se dejó matar», confiaba tanto en Otelo, sabía que no era él quien cometía el asesinato sino Yago.) En su historial decía que operaba a unas 190 personas al año. ¿A cuántas de ellas habrá degollado?. Also, leí un sin número de testimonios, tesis, videos. Sabía perfectamente cuál era el procedimiento pero jamás lo asocié con la degollación. Llegó Delfino, estaba tan nerviosa que veía nublado, además no traía lentes, no escuchaba bien lo que decían. Habían olvidado la resonancia y no recordaban que vértebras tenían que operar. Pero verlo me dió tranquilidad (así que supongo que Desdémona murió tranquila, pues lo último que vió fue a Otelo), tenía claro que era lo último que quería ver antes de….¿morir?. Bueno, la anestesia no es una muerte, pero se parece un poco, dejas de habitar tu cuerpo porque literalmente te duermes y dejas de sentir físicamente y tu conciencia deja de existir. Yo no recuerdo nada. Solo cuando desperté en la sala de espera y me llevaron a mi habitación. Dejé de habitar mi cuerpo, tal vez es por ello que me he sentido así desde la operación. También estuve en duelo. Creo que la muerte se puede manifestar de varias formas sin estar necesariamente muerto o sin que alguien cercano se haya muerto. La muerte, y se abre todo un universo entre lo que se ha vivido y lo desconocido. Por eso sentí que me quedé atrapada en dos dimensiones. En fin, maldito seas Shakespeare.