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Instantánea: 7 preguntas sobre teatro en estos tiempos que corren.

Andrea Salmerón Sanginés

47 años / México, Ciudad de México

Lugar principal de trabajo (País, estado, ciudad): México, Ciudad de México

Oficio: Gestora, directora

¿Cómo iniciaste dentro de la disciplina teatral? ¿Por qué decidiste dedicarte a ella?

Crecí en la última calle de Celaya, Guanajuato en un ámbito semirural. Mi curiosidad y mi imaginación eran grandes y mi entorno pequeño y diverso porque estuve siempre en escuelas públicas. Aunque teníamos muchas carencias económicas y emocionales, en mi casa había libros y eso nos salvó: los libros nos llevaban a mundos menos precarios.
Me gustaba cantar y contar cuentos; los actuaba y todo, así que quienes me rodeaban insistieron con que era yo talentosa y debería ser artista y me lo fui creyendo. También me creí que era mala para las matemáticas y el pensamiento abstracto.
En la preparatoria había un grupo de teatro. Ahí encontré una posibilidad para manifestarme desde lo creativo y contar historias. Después, en el 91, hicimos otro grupo muy amateur y nos fue muy bien, básicamente porque no había más opciones culturales en Celaya. Terminando la prepa migré a la Ciudad de México a estudiar teatro profesionalmente solo porque parecía lo natural, ya que todos decían que era buena en eso.
El primer año no entré. No tenía referentes y aparentemente no estaba a la altura. Ahora pienso que soy buena para las matemáticas y el pensamiento abstracto y que, si hubiera tenido más información, tal vez no hubiera estudiado teatro, pero en ese tiempo y lugar, parecía el único panorama creativo.

¿Qué preguntas siguen alimentando tu práctica? ¿Qué anhelos tienes por vivir dentro de las artes escénicas?

Mi principal interés es poder llegar a más personas y serles útil.

Describe tu quehacer teatral en tres palabras. ¿Qué hace de tu forma de habitar el teatro una práctica singular y distinta a las demás?

Intento decir algo.
Me llevó años dejar de preocuparme por el reconocimiento del gremio y por la crítica y asumir que no trabajo para ellos y que no tengo que demostrar nada. Ahora lo primero que pienso es para quién es ese algo que quiero hacer; me acerco al público objetivo, dialogo con ellos/ellas.
Y hago todo desde ese lugar: trabajo para un público objetivo que viene y recomienda la obra y el teatro se va nutriendo. Y nos hacen comentarios y opinan. Me ha dado gusto que mucha gente ha venido por primera vez al teatro y han salido contentos, se han sentido escuchados, reflejados e incluidos.
Eso quiero, que se sientan incluidos.

¿Cuál consideras que es la importancia del teatro en este momento histórico?

La posibilidad de compartir espacio, tiempo, mirada, diálogo. Cuando podamos volver a compartir, el teatro ayudará a despantallizar, a perderle el miedo a la calle y a la reunión.

Para mí, el teatro se enriquece tridimensionalmente: Hay una dirección de quienes lo hacemos hacia quien lo mira; otra de regreso y otra, más potente aún, entre los espectadores que miran y escuchan uno al lado del otro. Esta última es para mí la dirección más importante: la persona que mira de reojo a la de al lado a ver qué cara hace, que se pregunta por qué el otro se ríe o suspira y eso mismo le inspira preguntas y dudas. Ellos crean la atmósfera que nos contiene a todos y al final dialogan entre ellos. Cada dirección va y viene enriquecida.
El teatro sano es como una gráfica de frecuencia cardiaca sana: va arriba, abajo, al lado, arriba, abajo, al lado.

¿Qué crees que debería cambiar en nuestro modelo teatral?

Siento que la demasiada teoría nos aleja de nuestros interlocutores. Parece que tratamos de encontrar sentido a nuestro quehacer desde nosotros mismos y nuestra propia necesidad. Nos reunimos demasiado entre nosotros para demostrar que lo nuestro tiene validez académica e inventamos nuevos términos cada vez más elaborados y excluyentes.
Para mí el sentido del teatro lo da el diálogo con los espectadores. Hay que mirar al público y a la gente que todavía no es público porque no siente que tiene cabida. También debemos mirar a nuestros colegas de todos los estados del país, de las ciudades más pequeñas y compartir con ellos.

¿Qué le deseas a la siguiente generación de hacedores teatrales?

Deseo que rompan la endogamia y que no se enreden tanto con la demasiada teoría. Deseo que sigan su instinto, salgan y vean el mundo y sus habitantes, que hablen con las otredades y aprendan de ellas, horizontalmente; que no sean turistas del otro mirando desde la intelectualidad del artista de la alta cultura; sino que sean generosos, amorosos, que se diviertan y que sean útiles desde el gozo. Deseo que no se preocupen de lo que digan de ellos los colegas «más importantes». También deseo que hagan redes entre todos los estados.

Si el teatro es el arte del encuentro con el otro ¿cómo enfrentas la emergencia que vivimos ante el COVID-19? ¿Qué deseas que ocurra cuando volvamos a estar juntos?


Enfrento esta emergencia esperando. Soy paciente y lo seré hasta que podamos encontrarnos. Hasta que podamos cerrar el diagrama que conforma nuestro latido. En estos momentos, con los experimentos virtuales, siento incompletas las direcciones. Me falta el regreso de energía del espectador al hacedor y también me falta el espectador compartiendo con el espectador.
Deseo que cuando volvamos estar juntos, juntas, lo hagamos con una conciencia de nuestra justa dimensión y valor: servicio, humildad y generosidad.

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