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Instantánea: 7 preguntas sobre teatro en estos tiempos que corren.

Ramsés Figueroa

33 años / México, Michoacán, Morelia

Lugar principal de trabajo (País, estado, ciudad): México, Hidalgo, Mineral del Monte

Oficio: Docente, investigador, director teatral

¿Cómo iniciaste dentro de la disciplina teatral? ¿Por qué decidiste dedicarte a ella?

Infancia es destino, dicen. Yo provengo de un barrio popular de Morelia, Michoacán, una colonia que al día de hoy es conocida por el tráfico de drogas que se mueve en ese territorio. El teatro me sacó de ahí y me mostró el mundo. Un pedacito de él, pero un pedazo bastante grato. La primera vez que hice teatro fue con un grupo amateur, un conjunto de niñxs que jugábamos a imitar personajes famosos de la farándula; recuerdo que encontré en aquel juego una vastedad de posibilidades al «ser otro».
Luego, mi formación comenzó en el Centro de Educación Artística Miguel Bernal Jiménez, un bachillerato como pocos en el país porque busca realmente una formación integral del ser, sin duda fue una gran experiencia que comenzaría a nutrir mis referentes, a conocer, ejecutar y apreciar el arte. De ahí me nació el amor profundo al teatro, por lo que decidí estudiar la Licenciatura en Teatro en la Escuela Popular de Bellas Artes de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo. De esta etapa aprendí las bases del mismo y también el sentido de la colectividad, ahí conocí a mis mejores amigos con los que mantengo contacto y con los cuales eventualmente colaboro. Durante esa primera etapa de formación me fue trascendental integrarme a un grupo de teatro profesional que continúa en resistencia, la
Asociación Teatral Contrapeso. Ahí aprendería los sumos esfuerzos que hace por existir el teatro independiente.
Cuando egresé de la escuela vino lo realmente interesante. Viajar. Salir de mi ciudad de origen. Elegir es renunciar y yo debía renunciar a lo que tenía y me rodeaba, donde distanciarse de los afectos sería la factura más cara. Por aquella etapa pretendía devorarme al mundo, por lo que veía y leía todo el teatro que se me cruzaba, vi de todo. También me metía en todos los talleres, cursos, seminarios, conferencias, diplomados, etc. Viajé por casi todo el país y al extranjero, en gran medida por las redes que comencé a establecer y gracias a las manos amigas que me tendieron muchos colegas. Fue una etapa de sumo aprendizaje de la vida en la que el teatro seguía siendo mi brújula. De manera paralela generaba proyectos y los dirigía, ese fue mi lugar en el teatro tras una larga búsqueda. Luego comenzó la etapa como investigador y formador teatral y con ello se abrió un nuevo horizonte, que es donde me encuentro actualmente.
El teatro me cambió la vida y no es metáfora.

¿Qué preguntas siguen alimentando tu práctica? ¿Qué anhelos tienes por vivir dentro de las artes escénicas?

Han ido cambiado mis anhelos en el devenir de mi vida y el teatro, sin duda. Cada que deseo algo y lo obtengo me viene otro deseo y así sucesivamente. Ya habría muerto si me sintiera satisfecho. Pero me sostiene siempre la pregunta: ¿Qué más hay? Y la pregunta apela a una búsqueda interna y externa. ¿Qué sigue en este bucle infinito de posibilidades que brinda la escena? ¿Qué otros encuentros, convivios, experiencias y redes me falta conocer? ¿El teatro es capaz de incidir y cambiar algo en alguien o en algo?
Las artes escénicas son efímeras y ello me fascina. Se quedan en la memoria y en el cuerpo. Luego entonces, gran parte de esos anhelos son difíciles de asir, incluso de pronunciar, pero existen. Mientras exista aliento habitarán las preguntas y viceversa.

Describe tu quehacer teatral en tres palabras. ¿Qué hace de tu forma de habitar el teatro una práctica singular y distinta a las demás?

Búsqueda, compromiso, diversidad.
Considero que toda práctica teatral es en sí misma única e irrepetible, es decir, singular, como lo es cada vez que ocurre el fenómeno del teatro. Pero, si es que debo pensar en una singularidad del teatro que he hecho hasta este momento, quizá sea la de incidir en los contextos en que se realiza y en las personas con que se comparte. Intento que sean experiencias trascendentales. Y por ende, transgredirme como creador, guía y persona.


-Búsqueda. Creo que no hay teatro más anquilosado y muerto que aquel que deja de buscar sean cuales sean sus características. Es importante saber que no hay obra terminada, se verifica en el presente cada vez y la constante búsqueda nos permite que se mantenga vivo.
-Compromiso. El teatro profesional requiere de disciplina y compromiso férreo consigo mismo y con la colectividad. El teatro sin ello, está destinado al fracaso o a la frustración. Nada más agotador que convencer a alguien de su compromiso con el teatro. El respeto a ese compromiso permite el soporte de un proyecto.
-Diversidad. Desde hace un tiempo opté por no formar una compañía de teatro estable, sino buscar resonancias en distintos contextos y personas con las cuales he emprendido proyectos de distinta índole. Eso ha tenido sus ventajas y desventajas, por supuesto. Pero a mí me ha permitido constatar esa diversidad de lenguajes, universos creativos, culturas e intereses que el teatro detona. Me ha enriquecido enormemente y lo atesoro.

¿Cuál consideras que es la importancia del teatro en este momento histórico?

Nos dijeron que el teatro es reflejo de la sociedad. Pero también recordemos que es disidencia. El teatro nos recuerda la hora de nuestra muerte y nos hemos puesto de cara a ella. Como en la tragedia, hay desorden en el Cosmos y es necesario un nuevo orden. Hasta entonces sabremos con mayor certeza cuál será esa importancia del teatro en el devenir histórico. Estamos en medio de arenas movedizas en las que hemos encontrado paliativos para saciar nuestras ansias creativas o simplemente atenuar nuestras crisis económicas.
El teatro es y será, eso es lo único que sabemos con certeza. El formato podrá variar, podrá tener muchas acepciones, pero su presencia está íntimamente ligada a lo humano y en ese sentido es ya sumamente importante para todo momento o acontecimiento histórico.

¿Qué crees que debería cambiar en nuestro modelo teatral?

La política cultural respecto al teatro. Definitivamente.
No hemos sido reconocidos, respetados, ni visibilizados por la política cultural de este país. Más allá de los colores del partido en turno es importante que se generen cambios en la política cultural en favor de la comunidad artística. El trabajo que hace un artista profesional promedio es vasto y complejo, desde su formación hasta su ejecución e incidencia social y no está siendo remunerado de manera decente. Ni siquiera de manera precaria. Los apoyos simplemente son insuficientes para el número de artistas ubicados en este amplio territorio, por no hablar de la diversidad cultural poco reconocida por las instituciones.
Incluso aquellos que hemos sido beneficiados en alguna ocasión por las instituciones culturales, sabemos que es un espejismo que no te resuelve la vida y que es viable sólo durante el periodo convenido y que darle continuidad a los proyectos en turno, se vuelve una tarea titánica una vez concluido el apoyo. Ese camino nos ha llevado inevitablemente a la segmentación de la comunidad, a la constante frustración y a la precariedad como modelo de producción y de vida del artista. El cambio de paradigma debe ser mucho más complejo que el pensar la democratización de la cultura como una competencia de becas.
Se han realizado importantes iniciativas para generar cambios en las políticas culturales que contemplen el derecho a la salud y la seguridad laboral para los artistas, pero lo cierto es que no ha sido fácil. Que incluso se tergiversa el concepto de artista y se piensa que somos un grupo privilegiado de la sociedad. El camino hacia la incidencia en la política pública es largo y tortuoso, pero siempre detrás del nombre de una institución hay personas que la representan.
Y todxs tenemos los mismos derechos.

¿Qué le deseas a la siguiente generación de hacedores teatrales?

Resistencia, persistencia e incidencia.
No se ven venir buenos tiempos y hay que estar preparados para ello. Considero que llegué a la docencia muy joven y que de a poco he ido reconociendo el gran compromiso que conlleva, es decir, soy parte de una plantilla docente que genera constantemente una matrícula de egresados destinados al desempleo. Es crudo, pero es real y no depende sólo de la buena o la mala voluntad. De la buena o la mala formación. Es mucho más complejo que eso.
El campo laboral en el ámbito cultural es desolador desde la política pública y el sector privado es sumamente elitista. Es menester de las nuevas generaciones no sólo preocuparse, sino ocuparse en generar proyectos propios o saber insertarse en otros. La posible vía en principio es el trabajo en colectivo; la rigurosidad, empeño y profesionalismo en su quehacer, bajo el desarrollo de un pensamiento crítico. Sin ello, no lograrán generar un largo aliento tan necesario para afrontar estos tiempos y los venideros.

Si el teatro es el arte del encuentro con el otro ¿cómo enfrentas la emergencia que vivimos ante el COVID-19? ¿Qué deseas que ocurra cuando volvamos a estar juntos?


A todxs nos ha impactado de una u otra manera esté fenómeno histórico llamado pandemia. Jamás se me habría ocurrido pensar que viviría algo así. Evidentemente esto ha afectado al teatro, a las artes escénicas y a la vida cotidiana. Pero sobre todo ha afectado la economía del artista de por sí ya endeble. Esto ha resaltado aún más las diferencias sociales en muchos aspectos y hemos reconocido nuestros pequeños privilegios. Nos ha puesto de cara a la muerte y hemos repensado el concepto de lo indispensable. El tiempo y los hábitos se han trastornado. La ansiedad es el pan de todos los días para muchos. La depresión es la sombra tras la puerta. Se han modificado los afectos y, sobre todo, se ha condicionado el quehacer cotidiano.
Nos ha alejado de las salas de teatro y con ello nos ha sembrado un hueco profundo, una nostalgia constante, un anhelo que nos sostiene a la esperanza de volver a cantar la tercera llamada.
¿Qué deseo? Salud para la comunidad. Deseo que el reencuentro sea responsable, pero que sí suceda. Deseo que ese encuentro sea trascendental porque la celebración principal será la vida.

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