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Instantánea: 7 preguntas sobre teatro en estos tiempos que corren.

Minerva Valenzuela (la del cabaret)

43 años / Ciudad de México

 

¿Cómo iniciaste dentro de la disciplina teatral? ¿Por qué decidiste dedicarte a ella?

Estudié la licenciatura en actuación en la Escuela de Arte Teatral, que ahora se llama Escuela Nacional de Arte Teatral y después me especialicé de manera autónoma en lo que hago ahora, en el cabaret. Entré a estudiar actuación porque fue lo que siempre quise. Sentía que si no estudiaba eso, me moría.

Vi teatro y danza desde muy niña, aunque en mi familia no había nadie cercana a eso y fue claro desde siempre que eso era lo que yo necesitaba hacer. Tuve la suerte de que en mis escuelas siempre pude jugar a actuar, cantar y bailar.

¿Qué preguntas siguen alimentando tu práctica? ¿Qué anhelos tienes por vivir dentro de las artes escénicas?

Me pregunto constantemente cómo no caer en la tendencia de convertir un espectáculo de cabaret en una obra de teatro. Cómo estar abierta al cambio constante dependiendo del público que asiste a cada función. Ha sido mi entrenamiento principal y por lo tanto es en lo que más cuidado pongo. A veces se logra, a veces no. Combinar la técnica con lo espontáneo, saber que una trae en su bolsita imaginaria una inmensa reserva de posibles soluciones ante cada situación.

Lo que anhelo es volver a tener la oportunidad de hacer shows o números distintos cada semana, o cada mes. Antes se podía. Ahora que el cabaret ha entrado en una dinámica como la del teatro, en la que hay que preparar todo con meses de anticipación, hacer una carpeta, entrar en convocatorias y mantener un espectáculo durante el mayor tiempo posible en distintos espacios, ha desaparecido la posibilidad de hablar específicamente de lo que está ocurriendo este mes, esta semana, hoy. Se puede mencionar, claro, y se debe mencionar, pero será eso, una mención y no un buen clavado al presente más inmediato.

Esto también hace que no sea tan necesario participar activamente en los movimientos políticos y sociales, porque con saber lo básico es suficiente para un show.

Describe tu quehacer teatral en tres palabras. ¿Qué hace de tu forma de habitar el teatro una práctica singular y distinta a las demás?

Contacto, crítica, autonomía.
El contacto directo con el público requiere técnica. No es sólo voltear y preguntar «¿A poco no, señor?». Y ése es mi mero mole, es lo que me prende. Tocar donde duele o donde da cosquilla, esperar respuesta y tomarla en cuenta. Y bueno, tener la posibilidad de agarrar mis cositas e irme a dar show a donde se arme, sin depender de ninguna institución.

¿Cuál consideras que es la importancia del teatro en este momento histórico?

En un momento en donde todo es virtual, está bueno ir a vernos de a deveras. Además, es un ejercicio indispensable para aprender a escuchar y a accionar por turnos. Por eso el contacto directo con el público es indispensable: «Ahora me toca a mí, ahora te toca a ti, y no puedo ignorarte porque estoy aquí para ti.»

Es también una oportunidad para mostrar que antes de innovar, hay que aprender de lo que ya es. El hecho escénico es un ritual que la humanidad ha celebrado millones de millones de veces. Todo está. Y en cada nuevo ritual, conjuramos a todo lo que ha estado en un escenario alguna vez.

¿Qué crees que debería cambiar en nuestro modelo teatral?

No sé cuál es nuestro modelo teatral.

¿Qué le deseas a la siguiente generación de hacedores teatrales?

Que se enamoren. Que alimenten su quehacer teatral de la vida real, y eso implica vivirlo todo, así, con el cuerpecito propio, y no sólo investigar para un montaje.

Y les deseo con todo mi corazón que no transmitan mensajes con los que no estén de acuerdo, con el pretexto de «yo sólo estoy actuando».

Si el teatro es el arte del encuentro con el otro ¿cómo enfrentas la emergencia que vivimos ante el COVID-19? ¿Qué deseas que ocurra cuando volvamos a estar juntos?

Qué miedo ¿no? Pienso que los espacios teatrales serán los últimos en reincorporarse a la vida regular y que cuando eso pase, la gente no va a ir, o por miedo, o porque no va a tener dinero, o porque no lo consideran indispensable, o por costumbre.

Claro que mi deseo es que se llenen los lugares y que los montajes tengan condiciones para salir a la calle, y a otras zonas, otros Estados a encontrar nuevos públicos, pero no va a ocurrir. Lo siento, no tengo un mensaje esperanzador.

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