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Instantánea: 7 preguntas sobre teatro en estos tiempos que corren.

Jorge Castro Realpozo

61 años / México, Campeche, Campeche

Lugar principal de trabajo (País, estado, ciudad): México, Campeche, Campeche

Oficio: Actor, director de teatro

¿Cómo iniciaste dentro de la disciplina teatral? ¿Por qué decidiste dedicarte a ella?

Cuando era niño, en la primaria, participaba en muchos festivales escolares recitando poesía, siendo maestro de ceremonias, en dramatizaciones, etc., lo disfrutaba mucho. En segundo año de secundaria, a los trece años, mi maestra de Literatura me seleccionó para recitar una poesía en el festival de fin de cursos; ese festival fue en el actual Teatro de la Ciudad. Estar en ese escenario, haciendo algo que disfrutaba, frente a todas esas personas, me hizo sentir que ese era un lugar al que podía pertenecer. Creo que fue entonces cuando tomé conciencia de lo que podía hacer en la vida. Cinco años después, una aparente casualidad me llevó a audicionar para un proyecto escénico: fui aceptado en la compañía, y obtuve el papel protagónico. A partir de ahí, todo se ha ido confirmando día a día.
Decidí dedicarme al teatro por necesidad; me di cuenta que era algo que me llenaba, que disfrutaba enormemente, que me hacía feliz, y que me permitía expresar muchas cosas que consideraba importantes.

¿Qué preguntas siguen alimentando tu práctica? ¿Qué anhelos tienes por vivir dentro de las artes escénicas?

Las preguntas que siguen alimentando mi práctica son, entre otras:
¿Por qué sigo haciendo esto, por qué insisto?
¿Qué puedo ofrecer que sirva a los demás? y ¿Cómo?
¿Qué más puedo leer, qué más puedo aprender, experimentar, que sea una buena herramienta para la escena?
¿Cómo puedo traducir a la escena esta sensación, esta visión, esta idea?
Los anhelos te mantienen vivo para la escena, y entre ellos, siempre hay un personaje soñado, una obra soñada para actuar o dirigir, algunos actores o directores con quienes desearías colaborar, un nuevo proyecto por realizar, una forma de plantear en la escena que no has probado antes, etc.

Describe tu quehacer teatral en tres palabras. ¿Qué hace de tu forma de habitar el teatro una práctica singular y distinta a las demás?

Percibir, disfrutar, vivir.
Lo que hace singular mi forma de habitar el teatro parte del hecho de que no estudié teatro como una carrera profesional; en mi ciudad hace cuarenta y tres años, como hasta la fecha, no había dónde ni cómo estudiar teatro. Lo que sé y puedo hacer surge de mi intuición, de mi interés, de mi amor por el teatro, y de todo lo que he logrado aprender de todos aquellos maestros que la vida me ha presentado: compañeros actores, directores, técnicos, dramaturgos, iluminadores, vestuaristas, escenógrafos, gestores, personal de apoyo, etc., con los que he tenido la oportunidad de convivir y trabajar. Por lo tanto, los productos escénicos que he logrado concretar, más que un despliegue de conocimientos adquiridos y recurrentes, son la expresión de cómo percibo, de cómo siento cada obra, cada personaje, cada tema, cada idea a desarrollar, cada instrucción.
La intuición, el corazón, no te mienten nunca. Y a lo anterior habrá que sumarle la limitación de recursos de todo tipo con la que trabajo, o intento hacerlo: un espacio independiente, muy pequeño; compañeros ocasionales, por proyecto; un público fiel y caluroso, pero limitado; y un amplio etcétera típico e imaginable. Todo lo anterior genera una forma de ser y de hacer, que el público y compañeros teatristas generalmente reconocen e identifican.

¿Cuál consideras que es la importancia del teatro en este momento histórico?

La importancia del teatro en la actualidad es fundamental. Pero lo ha sido siempre a lo largo de la historia. Para mí, lo significativo es cómo la humanidad ha percibido el teatro en cada uno de sus múltiples momentos históricos. El teatro, como las demás disciplinas del arte, no es considerado aspecto primordial en la vida de una nación. Sin embargo, justo en un momento como el actual, el teatro y las demás artes han demostrado haber sido uno de los principales soportes en la vida cotidiana de los seres de este planeta; han sido el paliativo, la compañía, el botiquín de primeros auxilios, para poder seguir adelante.
¿Cómo percibiremos el teatro como sociedad de aquí en adelante? Ese el punto. Ojalá hayamos aprendido esa lección. De una manera u otra, creo firmemente que el teatro permanecerá y seguirá adelante como siempre lo ha hecho: el ser humano necesita ese espejo para mantener presente el conocimiento de quién es.

¿Qué crees que debería cambiar en nuestro modelo teatral?

Hacer teatro de la manera más flexible posible. Abrirnos a la posibilidad de que cualquier forma, espacio, proceso, etc., puede ser un excelente vehículo para cumplir nuestro verdadero objetivo.

¿Qué le deseas a la siguiente generación de hacedores teatrales?

Que crean en sí mismos, a pesar de todo;
que nunca dejen de leer lo que importa leer;
que desarrollen la capacidad de ser autosuficientes en su trabajo escénico, lo más que puedan;
que aprendan a organizarse con sus colegas, más allá de la visión individual, y abrir su mente al pensamiento y necesidad colectivos;
que nunca tengan miedo de experimentar sus ideas: lo peor que puede ocurrir es que no funcionen;
que se permitan enfocar su energía hacia su interior y dar lo mejor de sí mismos;
que amen y respeten profundamente el teatro: es su trabajo, es su hogar, es su vida.

Si el teatro es el arte del encuentro con el otro ¿cómo enfrentas la emergencia que vivimos ante el COVID-19? ¿Qué deseas que ocurra cuando volvamos a estar juntos?

He estado encerrado toda esta pandemia lo más que he podido durante más de catorce meses, sobre todo los primeros siete u ocho, y por ello, el teatro para mí se convirtió en algo sumamente personal. Hubo mucha reacción de la comunidad teatral al generar actividad escénica y formativa en línea, que traté de disfrutar y aprovechar, pero llegué a saturarme; descubrí que tenía que desacelerar mi participación en ese proceso y, sin darme cuenta, casi me aislé.
Traté entonces de vivir el teatro de otra manera: leer mucho, ver algo, imaginar todo, hacer lo que se pudiera. Hubo uno que otro trabajo escénico que pude realizar para ser transmitidos en línea, y eso me confirmó lo que ya sabía: que el teatro es reunión, es encuentro, es intercambio vivo de energía, es mirar a los ojos, escuchar respuestas, percibir emociones. Sigo intentando crear para la escena. Físicamente, presencialmente. Aunque sea con cubrebocas, sana distancia, y todo el ritual y limitaciones que conlleva la reunión. Mi mente me dice que ceda, pero mi corazón insiste en que actuar frente a una cámara es para hacer una película. Para hacer teatro, necesito al interlocutor frente a mí, para dar y recibir.
Para cuando volvamos a estar juntos deseo que no olvidemos que las cosas han cambiado y seguirán cambiando; que seamos más conscientes del privilegio de hacer y tener teatro y procedamos en consecuencia, teatristas y espectadores; que nos permitamos ejercer más la empatía y la conciencia grupal; que nos permitamos fluir para ser parte de lo que el planeta y la sociedad requieren y no de lo que se quejan. Que mantengamos vivo el teatro.

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