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Instantánea: 7 preguntas sobre teatro en estos tiempos que corren.

Isael Almanza

35 años / Ciudad de México

¿Cómo iniciaste dentro de la disciplina teatral? ¿Por qué decidiste dedicarte a ella?

En gran medida siempre he creído que el teatro me llamó desde que estudiaba el bachillerato de Artes y Humanidades (cedartiano de cuna). Nunca fui un gran estudiante en los grados anteriores, y cuando empecé a tomar clases de teatro, me di cuenta que podía pasar muchísimo tiempo haciéndolo sin que lo sintiera, ni me pesara y, sobre todo, donde encontraba un refugio a mi imaginación.
Lo puedo nombrar con mayor claridad al paso del tiempo, el teatro es aquel lugar de mi juventud que pasó de ser una materia, a querer tomarla con mayor seriedad. Desde ese momento siempre pensé como algo increíble dedicarme a hacer teatro durante mucho tiempo, “Vivir haciendo lo que amo es increíble” me decía. Por eso disfruto tanto hacer, crear teatro, o todo lo relacionado a la creatividad; la latencia de convivio con el espectador, o en el mejor de los casos, con el cómplice.

¿Qué preguntas siguen alimentando tu práctica? ¿Qué anhelos tienes por vivir dentro de las artes escénicas?

Cada uno de los procesos tienen nuevas preguntas en todo momento, pero las que hoy día viven en mi cabeza, tiene que ver con la recepción de la narrativa ¿en dónde trasciende la historia? ¿Por qué la narrativa se pierde en la manufactura? ¿Hasta dónde se vuelve más un regodeo del dolor propio? ¿Para qué y quiénes contar historias?
Pensar no tanto si es una nueva ola de creación, o un nuevo formato, sino en la recepción de la anécdota, la experiencia a partir de convivir con el espectador, y en ese sentido hay tantas formas, que lo que me interesa es ver cuál es la “indicada”, la “mejor” al contar lo que quiero narrar. Si habláramos de un juego de cartas, yo siempre juego con las cartas abiertas, desde ahí empezar la comunicación escénica. Todo lo que hay es teatro, convenciones, experiencias, y aun así ver la posibilidad de creer que es verdad, y en otros casos real.
Otro tema que me conmueve, es observar cómo la realidad se expande a la ficción y la ficción a la realidad, la convierte en un tsunami de recuerdos. Me reconozco como un turista de la vida escénica, así que pensar en los lenguajes múltiples me apasiona, cómo la ópera, la danza, el performance, aquello que contacta conmigo y el otro.

Describe tu quehacer teatral en tres palabras. ¿Qué hace de tu forma de habitar el teatro una práctica singular y distinta a las demás?

Horizontalidad, pluralidad y complicidad.

Creo que la singularidad en este caso puede sonar hasta un tanto redundante, ya que actualmente es tan diverso, tan grande en el arte, que nutrirme de eso como espectador hace que me llene e inspire. Lo que sí es mi convivio con el equipo de creación, ya que considero que de la forma en que se habita el proceso, será la manera, y por ende la profundidad con la que llegará a habitarla el espectador. Es pensar en grupo, en cómo crear un nuevo juego, luego compartirlo, nutrirnos de ese otro punto de vista, el que lo complementa y lo intensifica (espectador y cómplice).
La mirada con la que abordo el hacer escénico es pragmático, me gusta saber más qué necesita cada montaje que imponerle una fórmula, así siempre me la paso increíble, sintiendo que voy descubriendo con todos algo en común. Soy un obsesivo de la narrativa, así que hago todos los detalles que singularicen cada historia. Pensarla como un ente vivo que respira a cada momento.

¿Cuál consideras que es la importancia del teatro en este momento histórico?

La importancia es muy relativa, no a todos les importa qué se está haciendo en las artes escénicas, de hecho la supervivencia es más importante para muchos, así que creo que el teatro con su capacidad primaria de adaptabilidad, tendría que fomentar un espacio de convivio y contención, un espacio donde se vuelva también un refugio, capaz de empatizar con los dolores íntimos y expresarlos.
De alguna manera dejar de ser el centro de atención (como artistas), para ser el facilitador de las emociones de un grupo determinado. Su importancia es más social que egocéntrica. El refinamiento de este arte para el acercamiento y el contacto no necesariamente físico. El arte escénico se encuentra constantemente en crisis y por lo mismo no le es ajeno el momento. También pensar que, de las catástrofes, nacen las revoluciones.

¿Qué crees que debería cambiar en nuestro modelo teatral?

Hay tantas cosas que se necesitan reformular en el modelo teatral, que voy a mencionar algunas de las que no termino por empatizar, por ejemplo: que las temporadas sean cada vez más invasivas, a tal grado que no se puedan arraigar y generar identidad con un público. Lo hablo desde el ámbito privado como en el institucional; el que tiene poco hace poco, el que tiene lo tiene que repartir en muchos, y termina siendo poco para muchos.
Hay una voracidad por presentar y estar permanentemente en vitrinas de exposición artística y cultural, que los creadores terminan haciendo más una técnica de gestión, de logística, que realmente una creación artística. Parece un sistema de pegarle a la piñata; quien la rompa y se aviente primero, se queda con lo mejor; todo esto está claramente alejado de lo anteriormente mencionado como un valor estético y ético.
Por otro lado la adaptabilidad a la precariedad. Fomentar convocatorias o becas que no son dignas para realizar proyectos creativos. Y así una cantidad infinita de detalles relacionados con la dignificación del artista. Por último, el oportunismo del discurso de parte de las instituciones; creo que ese es un cáncer que se moldea para atraer y abanderar una apariencia de comprensión artística, convirtiéndolo en oportunismo.

¿Qué le deseas a la siguiente generación de hacedores teatrales?

Les deseo a los hacedores de la siguiente generación que su necesidad de subsistir y de reconocimiento no le gane a la necesidad de compartir un momento, en donde se detenga el tiempo y se empatice.

Que no haya institución alguna que determine si se está haciendo o no teatro, si pueden o no actuar, cada uno tiene esa decisión, que aunque parece obvia, no siempre se ve así.

Si el teatro es el arte del encuentro con el otro ¿cómo enfrentas la emergencia que vivimos ante el COVID-19? ¿Qué deseas que ocurra cuando volvamos a estar juntos?

El encuentro con el otro existe, aún a la distancia. Así como en el teatro se generan convenciones y se les saca el mejor provecho, así la emergencia sanitaria en la vida. No estamos pegados el uno al otro, pero ¿quién ha dicho que esa es la única manera de hacer encuentro?
Siento que esta crisis hace que la necesidad del encuentro con uno mismo y con el otro sea profunda, selectiva, de mayor calidad (tal vez sí, o tal vez no). Pero si tomo que el encuentro se da únicamente a través del contacto, también podría decir que el teatro se volverá un eje revolucionario o anárquico de nuestra sociedad. Y se tendrá que voltear a ver.
Así que eso mismo deseo, que se voltee a ver por poner en crisis la forma en la que se realiza el encuentro, cuerpo a cuerpo y mirada con mirada.

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