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Instantánea: 7 preguntas sobre teatro en estos tiempos que corren.

Carlos Alberto Orozco Plascencia

47 años / México, Jalisco, Guadalajara

Lugar principal de trabajo (País, estado, ciudad): México, Ciudad de México

Oficio: Actor

¿Cómo iniciaste dentro de la disciplina teatral? ¿Por qué decidiste dedicarte a ella?

Siempre me deslumbró el mundo de la ficción, desde la infancia. Los cuentos, las historias, las películas de Chaplin, de Disney, el teatro infantil, las representaciones de la Pasión de Cristo en Semana Santa. En mi familia se apreciaba el teatro clásico, me lo inculcaron: mi papá vio mucho teatro del que produjo el Seguro Social en los años 60, admiraba a los grandes actores que participaron en el teatro de aquella época. Después fui familiarizándome con la actoralidad de las grandes figuras del teatro nacional a través de la televisión, porque yo era muy pequeño para que mis padres me llevaran a ver obras “de adultos”.

López Tarso, Ancira, Guilmáin, Bonilla y una verdadera multitud de actores que me deslumbraban por la profundidad y complejidad de su trabajo actoral. Y no los voy a mencionar a todos pero los retengo en la memoria, a muchos, a muchísimos. Poderosas actuaciones, deslumbrantes y llenas de belleza. Fue entonces un enamoramiento intenso y absoluto del arte escénico. Al salir de prepa elegí la carrera de Música (con la especialidad de piano) porque vivía en provincia y no sabía cómo acceder a una carrera profesional de teatro. Más adelante, a los 27 años, y ya instalado en la Ciudad de México, decidí aplicar a la Escuela Nacional de Arte Teatral.

¿Qué preguntas siguen alimentando tu práctica? ¿Qué anhelos tienes por vivir dentro de las artes escénicas?

Mis preguntas y mis anhelos permanentes en el teatro tienen que ver con un deseo esencial: quiero que durante la función, el público y los actores seamos arrastrados, inundados, arrebatados por una tempestad de emoción tan poderosa que se nos olvide dónde estamos y quiénes somos (ya lo recordaremos después), que no podamos ni hablar, ni movernos, que alcancemos el éxtasis, que logremos ver, no a Dios, tal vez sólo la sombra de Dios o una huella de Dios, y nos quedemos petrificados. Que aspiremos a tocar la Verdad, la Belleza, lo sublime.

Y sucede. No siempre, pero sí sucede.

Mi misión personal, artística es promover una visión de Luz, en franca oposición a las tinieblas. El Arte teatral (según mi punto de vista) toca la totalidad de la experiencia humana: la oscuridad y la Luz; pero la intención de fondo es poner el acento en la región donde cabe la esperanza, la belleza, la generosidad, la bondad, la Luz.

Describe tu quehacer teatral en tres palabras. ¿Qué hace de tu forma de habitar el teatro una práctica singular y distinta a las demás?

Amor, responsabilidad, pasión.

Me precio de ser un compañero actor generoso. Me entrego con sinceridad al objetivo común de cada proyecto teatral. Soy muy apasionado: les profeso un agradecimiento y un amor sin límites, eterno, a los directores y compañeros actores con quienes coincido. Me gusta el rigor, todo lo que tenga que ver con la técnica. Le doy una importancia especial a la voz, a la palabra, porque ahí se concentra la emoción: en el sonido, en el ritmo, la entonación, los acentos, las inflexiones.

El Teatro es, en gran medida, una sinfonía, que provoca emociones intensas, a través del puro sonido, más allá de la dimensión intelectual de la obra.

¿Cuál consideras que es la importancia del teatro en este momento histórico?

Yo no soy una persona de puritanismos, ni en lo espiritual ni en lo artístico. Por lo tanto, creo que hay un valor especial y muy valioso tanto en el cine como en la televisión. Pero lo que el teatro nos puede dar es insustituible.

Lo que el Teatro nos da es un voltaje energético que el cine o la televisión no alcanzan. Y no los desdeño: el cine y la televisión son maravillosos y tienen otras virtudes, pero en el teatro sucede algo singular: el actor y el público comparten el mismo tiempo-espacio, entonces las emociones se viven en una condición de cercanía plena y es algo muy fuerte.

El teatro por ahora, debe esperar. La importancia del teatro en este o en cualquier otro momento es fundamental, pero, dado que la pandemia parece persistir, el teatro deberá esperar.

¿Qué crees que debería cambiar en nuestro modelo teatral?

La decencia. No puede ser que el actor sabe que su función es a las 8 pm y el funcionario no sabe a qué hora le tiene que pagar al actor. Me refiero al teatro institucional. La UNAM, en general, siempre se condujo con más seriedad, pero el INBA siempre ha sido una desgracia. Pasaban dos, cuatro, seis meses y el funcionario, prácticamente se burlaba del actor en su cara porque no había fecha para cobrar. (Todo esto en la época “neoliberal”. Actualmente es mucho peor. Sin considerar la pandemia).

¿Qué le deseas a la siguiente generación de hacedores teatrales?

Confianza. Entereza. Seguridad en sí mismos. Escepticismo respecto a los gurús. Humildad. Y un terreno propicio, labrado por ellos mismos, para desarrollar sus proyectos.

Les deseo mucha más apertura al campo laboral del teatro comercial e independiente, porque en el teatro oficial no veo un horizonte alentador (a excepción de la Compañía Nacional de Teatro).

Si el teatro es el arte del encuentro con el otro ¿cómo enfrentas la emergencia que vivimos ante el COVID-19? ¿Qué deseas que ocurra cuando volvamos a estar juntos?



La emergencia la enfrento con paciencia. En este tiempo de aislamiento, de resguardo, trato de mantenerme con el espíritu arriba.

Cuando regresemos me gustaría seguir viendo el teatro del cual he estado enamorado toda mi vida.

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