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Instantánea: 7 preguntas sobre teatro en estos tiempos que corren.

Diana Sedano

36 años / México, Ciudad de México

Lugar principal de trabajo (País, estado, ciudad): México, Ciudad de México

Oficio: Actriz

¿Cómo iniciaste dentro de la disciplina teatral? ¿Por qué decidiste dedicarte a ella?

Nunca tuve dudas de que quería ser actriz. Creo que en mi adolescencia trataba de ocultarlo. Cada vez que me preguntaban yo decía cualquier otra cosa, como medicina o biología marina, pero decir que quería dedicarme al teatro me producía una vergüenza casi dolorosa con mi grupo de amigas y en la escuela (la intuición de que mi vida de adulta no sería como la de mi círculo de amistades me apenaba y fascinaba al mismo tiempo); me gustaba asumirme con distintas inquietudes pero me costaba compartirlo, poco a poco no sólo lo fui asumiendo sino que empecé a disfrutarlo.
Mi madre es actriz y tenía una compañía en Cuernavaca, se llamaba
Drama Cinco, con ella y con su compañía yo trabajaba desde pequeña, primero en la taquilla (cortaba los boletos), en la cabina poniendo audio y luego en las obras estaba el personaje de LA NIÑA, y yo, pues era la única niña real, así que me subían a actuar. Después trascendí ser niña y actuar LA NIÑA para llegar al personaje ÁRBOL y GOTA DE AGUA y con los años llegué a ser MICROBIO SIN TEXTO y debido a mí dedicación MICROBIO CON TEXTO. Todo esto en una obra que montamos por años de Emilio Carballido La lente maravillosa. Y así fui creciendo en nuestra pequeña gran compañía hasta tener experiencias verdaderamente emocionantes.
Si tengo recuerdos de felicidad plena fue ahí, sentía una enorme libertad de ser yo acompañada de mi madre y de un grupo de personas que no solo me cuidaban, si no que me impulsaban y se divertían con todas las locuras que hacía. Esos años han sido mi gran encuentro con la vida y con el teatro.
Decidir estudiar actuación no fue una sorpresa para nadie, yo creo que mi madre lo supo antes que yo.

¿Qué preguntas siguen alimentando tu práctica? ¿Qué anhelos tienes por vivir dentro de las artes escénicas?

He encontrado distintos lugares desde donde ejercer mi práctica y en la pandemia se amplió mi horizonte laboral, es raro por las circunstancia que estamos viviendo, pero pasó.
Mis preguntas tiran hacia muchos lados, desde el lugar muy práctico a uno más existencial y de construcción de sentido hasta preguntas muy técnicas.
¿Hasta dónde puedo desarrollarme artísticamente? Yo le he dedicado mucho tiempo a mirar personas en la vida y la representación. A mirarme. ¿Hasta dónde se puede «expandir» este ejercicio y mi mirada? ¿Qué más se puede hacer con esto que sé?
¿Quién soy? ¿Qué quiero? ¿Qué me duele? ¿Qué hacemos con el desamor? ¿Qué es la maternidad? ¿Dónde ponemos la esperanza? ¿Qué es lo necesario? ¿Qué pasa con nuestro cuerpo en estos momentos? ¿Cómo seguirnos vinculando? ¿Cómo no perder el sentido? ¿Cómo le hacen para saber dónde se pone una cámara? ¿Dónde deposito todo esto que tengo dentro?
Las preguntas nunca se detienen. Y yo soy caótica. Así que me detengo.
Mi anhelo será siempre poder generar los espacios para hacerme las preguntas en colaboración con otras personas.

Describe tu quehacer teatral en tres palabras. ¿Qué hace de tu forma de habitar el teatro una práctica singular y distinta a las demás?

¿Ya le hago?

Creo que cuando estaba empezando empleaba mucho esfuerzo en querer ser singular y eso, contrariamente a mi deseo, me llevaba a querer pertenecer y a ser parecida a algo que no tengo claro qué era, ni de dónde venía. ¿Quién lo dictaba? Los artistas, las personas, ya somos singulares, el mundo es el que nos dice o exige determinadas características para ponernos en un lugar. La búsqueda de la «singularidad» si es el caso, tendrá que ver más con saber escuchar el deseo propio para entender esto que somos y poder descubrir nuestros temas, nuestras historias. ¿De qué queremos hablar? ¿A dónde dirigimos la mirada?
Estoy muy consciente de que no puedo hacer nada sola. Que siempre necesito de las demás personas. Pienso mucho en una frase de Elena Garro: «Uno no se salva solo, se salva en el otro».

¿Cuál consideras que es la importancia del teatro en este momento histórico?

No entiendo bien el momento histórico y esto viene antes de la pandemia, así que creo que el teatro ha sido la herramienta que decidí utilizar para entender eso del mundo que me desconcierta o que me extraña. Me gusta pensar que estudiamos el comportamiento del ser humano y su misterio social desde la mirada íntima de (y sobre) las personas.
Creo que el teatro tendría que acercarnos a los problemas desde otras perspectivas.
Lo veo ahora como una práctica crítico-lúdica-poética de aquello que se nos presenta como la realidad. Nos ayuda a entender lo que escapa de nuestra vista y nuestra razón, nos incomoda, nos confronta, nos duele, nos confunde, pero también cuando nos sorprende con la pregunta correcta, ésa que abre un camino de búsqueda personal, nos reconcilia.

¿Qué crees que debería cambiar en nuestro modelo teatral?

No sé a qué se refiere «el modelo teatral». ¿Lo necesitamos? ¿Es importante definirlo?
En todo caso creo que las instituciones culturales lo que tendrían que proteger y promover es una libertad artística y de pensamiento, un rigor en la discusión y un espacio destinado a la investigación y no ser únicamente un sistema de programación y divulgación.
En términos de apoyos, veo que a nuestro quehacer lo sostienen dos edificios, el del gobierno y el de las empresas. Por un lado el gobierno tiene una agenda social que tira una línea clara de lo que se apoya y eso obliga a una comunidad a plantear proyectos para ser apoyados con la única finalidad de ser apoyados, y por otro lado las empresas con los intereses comerciales que cada una tiene y con la dificultad que representa para los y las creadoras poder aplicar a uno de estos estímulos porque no todo mundo tiene los contactos para acceder a las empresas.
El modelo no tendría que moldear las inquietudes artísticas y los y las artistas no deberíamos de permitirlo.

¿Qué le deseas a la siguiente generación de hacedores teatrales?

Que tengan criterio.
Que tengan seguro de gastos médicos.
Que resistan.

Si el teatro es el arte del encuentro con el otro ¿cómo enfrentas la emergencia que vivimos ante el COVID-19? ¿Qué deseas que ocurra cuando volvamos a estar juntos?

Supongo que la enfrento como todas las personas: cómo puedo. Tengo un piso firme que me permite estar triste de vez en cuando, he tenido la enorme fortuna de tener trabajo todo el año, pero me cuesta mucho lidiar con la incertidumbre laboral de la pandemia.
Extraño muchísimo actuar y abrazar a la gente y bailar. Me he encontrado con colegas para trabajar, intentamos cuidarnos mientras trabajamos y confiamos en que la otra parte lo esté haciendo también.
Le estoy entrando al mundo de la virtualidad con mesura y pensando que es una gran herramienta pero que no deberíamos poner todos nuestros esfuerzos en la traducción digital de nuestra práctica.
Estuve trabajando con Ana Sofía Gatica, Joshua Okamoto y Mariana Reskala de manera virtual por muchos meses, nos veíamos por Zoom un par de veces a la semana a hablar del amor y a seleccionar lecturas que discutíamos desde nuestras casas (
Tristán e Isolda, Amor y Occidente y Farabeuf nos acompañaron meses). Hicimos un proyecto que ahora está en pausa pero queremos retomar, diseñamos una convocatoria para escuchar las historias del desamor en estos tiempos y mientras Mariana y yo le dábamos estructura, Joshua y Ana las representaban.
La mayor parte de nuestro trabajo fue virtual y lo disfruté. Estar con una generación de jóvenes artistas a los y las que la pandemia toma al inicio de su carrera, me abrió un horizonte creativo y la posibilidad de retomar un tema ahora que el mundo es distinto. Dar clases en Casa del Teatro también ha sido un salvavidas, mis alumnas y alumnos me han enseñado mucho, ver a Stefanie Weiss junto con Andrea Celeste (y seguro mucha gente más con ellas) torear como unas maestras las incertidumbres pedagógicas e institucionales ha sido muy alentador también.
Aun cuando he pasado por momentos de creación fértiles y bellos en el año, la verdad es que me cuesta ver el lado positivo de lo que está pasando porque no creo que lo tenga (habrá gente que lo lleve mejor y personas a las que esto las está devastando y matando) creo que cualquier exceso perceptivo es un riesgo de ceguera y que mi trabajo está en tratar de entender el mundo y recuperar el sentido.
Es lo que nos tocó vivir y punto. Ya el tiempo y las futuras generaciones nos harán ver la clase de testigos que hemos sido de nuestra época. Estoy entendiendo que no hay un lugar al cual regresar, que más bien hay un lugar por construir. Los y las que seguimos, estamos resistiendo, estamos teniendo una oportunidad.
Deseo que cuando estemos juntas y juntos, nuestro estar tenga sentido.

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