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El baño

Vamos cerrando

La última bitácora que entreguemos será esta. Escribir en la bitácora para mí fue un refugio, una manera de habitar el silencio como bien dijo Didanwy en el aula del espectador. Esa manera de aterrizar lo aprendido, de habitar la palabra para hacer ese proceso de reflexión desde aquí, desde la hoja en blanco.

Empezamos ya desde hace varios meses, haciendo esta residencia expuesta, y me costó mucho trabajo abrir el proceso desde aquí.

Sin embargo, fue un gran hallazgo, porque a partir de las lecturas que empezamos a hacer al principio ante todos, podíamos saber dónde estaba el otro, qué pensaba y qué cosas sucedían. Íbamos tejiendo entre todos el discurso final de la obra.

Lamentablemente, no pudimos seguir con las lecturas por el ritmo de trabajo que empezamos a tener, sobre todo hacia el final. Pero venir a escribir y reflexionar sobre lo que había pasado en los días de trabajo arduo y dejar plasmado el sentir de lo que sucedía, ayudó y puso en eje lo que empezaba a ser necesario y a dejar de lado lo que no. Es un ejercicio personal que ayuda mucho.

¿Cómo estoy?

Estoy preocupada por el virus, estoy angustiada por no saber qué pasará el próximo año. Esta espera se aplaza, se desplaza.

Estoy con un raro dolor de espalda.

Quiero dejar de angustiarme, tengo que bañarme para dar clase.

Ya no aguanto a los trabajadores que siguen y siguen trabajando en los departamentos de a lado.

Quiero ver a mi familia.

Los extraño mucho.

No los veo desde enero.

Anoche soñé que los veía.

La incertidumbre del trabajo, la economía, pagar una renta más baja, la despensa, son problemas que no dejan de estar ahí.

Quiero seguir creando.

Seguir teniendo teatro. Teatro, aunque sea virtual. Como sea.

Es un refugio.

Una necesidad.

La vida misma.