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Al inicio de la cuarentena de 2020, Liliana Porter y Ana Tiscornia tuvieron la iniciativa de hacer una obra de teatro que explora las posibilidades artísticas y los límites de la producción en el encierro artístico. La propuesta fue producida y editada por actores y actrices argentinos en Buenos Aires, dirigida a distancia, y editada en tiempo record. Es un ejemplo de la creatividad bajo constricciones de la pandemia del coronavirus, y un ensayo de la experimentación con la condición del relato, la cesión de autoría y la función de la imagen fetiche, de la obra de las dos artistas sudamericanas radicadas en Nueva York.

Teatro de primera mano para tiempos nuevos es una obra a distancia filmada con teléfonos celulares. Fue realizada en el mes de marzo de 2020, entre Buenos Aires, New Paltz y Rhinebeck.

Guion y dirección: Liliana Porter y Ana Tiscornia

Actuación: Patricio Aramburu, Florencia Alonso, Javier Drolas, Lucía

García Puente, Juan Pablo Garaventa, Sabrina Macchi, Horacio Marassi,

Valeria Lois, Alejandro Vitello y Sergio Vitello.

Música: Sylvia Meyer

Edición: Federico Lo Bianco

El teatro como ausencia

Jorge Dubatti

La significativa, bella experiencia que proponen Liliana Porter y Ana Tiscornia (resultado del reflejo inmediato, lúdico, a las instancias iniciales del aislamiento), no sustituye el “viejo” teatro por uno “nuevo”, sino que descarnada, patéticamente pone en primer plano la entidad de la ausencia del teatro. El teatro como ausencia.

Este video es un dispositivo poderoso para expresar el poder del teatro cuando está ausente, cuando no se puede hacer acontecer ese tesoro cultural de la Humanidad que es el acontecimiento teatral. Hace sentir esa ausencia como una herida. Contrasta implícitamente todo lo que efectivamente se hace con lo que no se puede hacer por proscripción y no se nombra.

Evoca la experiencia teatral desde un callado ahora no podemos hacerlo. No podemos reunirnos territorialmente. No podemos comer juntos. No hay asado virtual (con todo lo que significa el asado real). No podemos practicar el convivio de cuerpo presente, cuerpo a cuerpo, en presencia física. Alta peligrosidad. Y no hay cómo sustituir la presencia física por la presencia telemática. Fracaso del mundo digital si buscaba sustituir. Ni mejor ni peor: diferente.

No poder reunirse territorialmente (es decir, en el convivio: encrucijada territorial geográfica-histórica-cultural, terrena) pone de relieve la soledad. Liliana y Ana me hicieron llorar. Ver a Patricio, a Valeria, a Javier, a Horacio, y solo tocar la pantalla. Liliana y Ana hacen sentir dolorosamente la ausencia actual del teatro.

Nadie va al teatro para estar solo. Nadie hace teatro para estar solo. El teatro es una práctica del convivio. Una de las prácticas más maravillosas del humanismo: la instauración de una zona de experiencia donde vivimos, no solo hablamos o leemos. Vamos al teatro a vivir. El convivio nos vuelve infantes, o mejor dicho, nos reencuentra (nos hace conscientes) de nuestra naturaleza de infantes. Infans: el que no habla. El teatro es experiencia, no solo lenguaje, el teatro se cuece en el fuego de la infancia. El teatro es inefabilidad. El teatro es ilegibilidad. Cultura viviente, no cristalizable en estructuras in vitro. Puro duelo, pura transformación de la relación con la muerte. El teatro es cuerpo y reunión de cuerpos, en proximidad territorial, terrestre, terrenal, terráquea. No remoto, no transmitido por las máquinas. Afectación de los cuerpos en reunión. Otra cosa es el tecnovivio, que permite la sustracción de los cuerpos presentes y su sustitución por signos. El cuerpo vivo en presencia fenomenológica sustituido por un cuerpo sígnico. El teatro teatra, dice Kartun, enunciando su reomodo. ¿El video, videa; el videoteatro, videoteatra? Otras políticas de la mirada. A todo esto, ni más ni menos, dan entidad Liliana y Ana como ausencia. En su video no importa tanto lo que se ve, sino lo que circula invisible entre las redes de lo que se ve: la ausencia de una experiencia que tanto necesitamos.

Acaso el lugar más nítido de la diferencia es el espectador. La acción de expectar en el teatro. Expectar, en el teatro, es mucho más que lo que marca la etimología: observar atentamente a la espera de algo que va a suceder. El espectador teatral incide en el acontecimiento. Hace el acontecimiento tanto como el actor y el técnico-artista. Basta con ver a los antiguos espectadores griegos en la cerámica del vaso de Sophilus. O leer lo que dice Platón de la “teatrocracia”, el poder de los espectadores para sabotear las reuniones teatrales (Leyes, 700c-d, 701a). Quienes hemos participado en varias funciones del “mismo” espectáculo, sabemos que nunca es el mismo espectáculo porque cambiaron las variables del convivio. En uno, el público se estremece, sensible y colaborador. En otro, parece dibujado, vino pero parece que no vino, parece que no está. Qué diferente el espectador teatral, desde su universo de creación del acontecimiento, respecto de un mero observador. Formas de participación diversas. Insustituibles. No hay River y Boca. No hay competencia. Pluriversos: experiencia teatral, experiencia de video, experiencia del videoteatro. Inteligir sus multiplicidades es parte del teatrar. Universos de participación, como dice John Wheeler: “Existía una antigua idea de que había un universo allí fuera, y aquí estaba el hombre, el observador, seguro y protegido del universo por una plancha de vidrio… Ahora aprendemos del mundo cuántico que, incluso para observar un objeto tan minúsculo como un electrón, tenemos que romper ese vidrio cilíndrico, tenemos que llegar hasta el fondo”. El físico agrega: “La antigua palabra observador simplemente tiene que  ser eliminada de los libros, y debemos sustituirla con la nueva palabra participante. De este modo hemos llegado a darnos cuenta de que el universo es un universo de participación”.

El teatro es experiencia territorial, infante, que despliega mundos intra-territoriales (muchos, infinitos mundos dentro del mismo territorio, al menos tantos como actores, técnicos y espectadores en convivio). El video es experiencia inter-territorial a distancia (una palabra que hoy golpea ominosa), que por tecnovivio genera un efecto de desterritorialización: la “nube”.

Liliana y Ana ofrecen un dispositivo para percibir, con silenciosa violencia, el teatro como ausencia. Espero que pronto regresen los convivios, no solo los teatrales, los convivios en las calles, en el templo, en la cancha, en los bares, en las clases, en las casas, para darle un abrazo a los nietos. No quiero llorar más.

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