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Instantánea: 7 preguntas sobre teatro en estos tiempos que corren.

Renée Sabina

27 años / México, Ciudad de México

Lugar principal de trabajo (País, estado, ciudad): México, Ciudad de México

Oficio: Actriz, directora de teatro

¿Cómo iniciaste dentro de la disciplina teatral? ¿Por qué decidiste dedicarte a ella?

Crecí en camerinos, ensayos y giras ya que mis padres eran bailarines de contemporáneo. El recinto teatral siempre fue un espacio de mucha magia y comodidad para mí y a los 10 años tuve la fortuna de participar en mi primer montaje profesional. La sensación de haber conseguido un personaje en esta producción por mis propios medios y el sobrecogimiento que me invadió el primer día que visité el teatro de 2,500 butacas en el que me presentaría 3 veces por semana, son cosas que 17 años después no olvido y que me hicieron decir “esto quiero hacer toda mi vida”. Claro que el resto del camino ha sido menos glamoroso, pero no por ello menos mágico. Hay una fuerza poderosa que me atrajo al teatro desde siempre.

¿Qué preguntas siguen alimentando tu práctica? ¿Qué anhelos tienes por vivir dentro de las artes escénicas?

¿Cómo hacemos para minimizar el carácter endogámico en el que ha caído el teatro? ¿Qué sacudida debemos darnos como gremio para volver a crear para el público de nuestro aquí y ahora (y no “a pesar de”)?
Mi anhelo más grande es crecer profesionalmente dentro de equipos de trabajo horizontales, éticos y lúdicos. Vivir de lo que amo y que lo que amo no pierda su cualidad de disfrute y si todo esto puedo lograrlo trabajando con creadorxs jóvenes, qué mejor.

Describe tu quehacer teatral en tres palabras. ¿Qué hace de tu forma de habitar el teatro una práctica singular y distinta a las demás?

Horizontalidad, creación, juego.
Estoy completamente en contra de la idea del actor como un
prop. Se me instruyó para crear con consciencia y capacidad crítica, y en cada proyecto que colaboro, busco llevar esa única visión del mundo que poseo al trabajo artístico. Ello implica tener una opinión, entablar un diálogo creativo con las cabezas del equipo y ser propositiva en correspondencia.
Cuando dirijo, busco que lxs actorxs se sientan en confianza de proponer y apostar en grande por sus creaciones. La sumisión del actor no hace más que contribuir a la escena muerta y a dinámicas caducas, desde mi punto de vista.

¿Cuál consideras que es la importancia del teatro en este momento histórico?

El aislamiento social y el miedo a la muerte nos tienen más necesitados que nunca de cualquier expresión colectiva que fomente el contacto (así sea de manera remota).
El teatro como experiencia
convivial tiene la virtud de hacernos sentir acompañados y “dichos” a través de las historias ajenas. Lxs creadorxs teatrales tenemos la responsabilidad de escuchar las necesidades del público en este momento tan particular (y siempre, pues) porque vivimos un momento de gran demanda. Con generosidad, humildad y arrojo, hay que estar a la altura de esta demanda.

¿Qué crees que debería cambiar en nuestro modelo teatral?

Nos enfrentamos, una vez más, al viejo dilema “renovarse o morir”; creo que vivimos un momento de muchísima fertilidad creativa y que la única manera certera de quedarnos fuera es discutiendo sobre si las nuevas manifestaciones “son o no Teatro”.
Una vez más corremos el riesgo de perder de vista lo verdaderamente importante por enfrascarnos en discusiones bizantinas: el que cientos de miles de personas a través del mundo se hayan volcado hacia el hacer teatral una vez más buscando solaz y conexión humana en estos tiempos de aislamiento y miedo.
Es momento de atrevernos a equivocarnos, a ponernos en riesgo y a explorar nuevas maneras de producir y de organizarnos: tomar el teatro en nuestras manos y apropiarnos de nuestra capacidad autogestiva. Nadie nos va a “rescatar” ni va a arriesgar su vida gustosamente por ver nuestro arte. Es momento de ser creativos realmente y expandir nuestra noción del teatro.

Además, tenemos como asignaturas pendientes la tolerancia cero ante la violencia de género en la praxis y la pedagogía teatral, la búsqueda de paridad en las instituciones y una larga lista de etcéteras, pero dejémoslo allí.

¿Qué le deseas a la siguiente generación de hacedores teatrales?

Que conozcan y defiendan su derecho al goce. Les deseo aplomo para poner límites, una entrada al mundo laboral sin vejaciones, les deseo equipos de trabajo amorosos y redes de cuidado sólidas. Les deseo saberse siempre acompañadxs, escuchadxs y válidxs. Les deseo que asumirse artistas no les cueste tanta duda como la que me costó a mí.

Si el teatro es el arte del encuentro con el otro ¿cómo enfrentas la emergencia que vivimos ante el COVID-19? ¿Qué deseas que ocurra cuando volvamos a estar juntos?

El teatro y sus hacedores son resilientes por naturaleza. Es erróneo verle como una disciplina conservadurista: lo que lo mantiene vivo es precisamente su capacidad de adaptación.
Al “volver” a estar juntos (lo pongo entre comillas, porque creo que en este año hemos aprendido que la presencia es más amplia de lo que jamás creímos), deseo que hayamos (re)aprendido en dónde radica la importancia de lo que hacemos, que hayamos recordado que el/la otrx le da significado a nuestro arte y que es por el/la otrx que existe.
Tras este largo extrañamiento presencial nos deseo mucha inmersión y contacto y fiesta, pero también nos deseo menos miedo a alzar la voz, a denunciar las condiciones de trabajo impropias y el maltrato. Nos deseo el gozo del reencuentro acompañado de un cambio de consciencia.

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