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Instantánea: 7 preguntas sobre teatro en estos tiempos que corren.

Mario Medina

25 años / Ciudad de México

¿Cómo iniciaste dentro de la disciplina teatral? ¿Por qué decidiste dedicarte a ella?

Comencé a alimentar mi ser creativo desde los cuatro años cuando inició mi formación musical. El día que cumplí catorce tuve mi primer taller de teatro, al cual llegué porque mi padre consideró que era de esas actividades que me hacía falta probar. Desde que presenté mi primera obra en dicho taller tuve un flechazo por el teatro; fue evidente que tenía que dedicarle mi vida.
La verdad es que fue una gran influencia de los maestros de teatro que tuve antes de la carrera, que me mostraron que el escenario podía ser mi refugio de libertad al que valía la pena dedicarle sudor y sangre.

¿Qué preguntas siguen alimentando tu práctica? ¿Qué anhelos tienes por vivir dentro de las artes escénicas?

¿Cómo puedo modificar al otro? ¿Cómo puedo lograr que alguien se divierta, pensando en el divertimento como la capacidad de atrapar la atención y la conciencia del otro, y que al mismo tiempo logré pensar y reflexionar? ¿Cómo puedo ser más generoso en mi labor? ¿Dónde está mi esperanza?
Mi joven experiencia en este efímero quehacer me ha hecho darme cuenta que efectivamente no hay (ni debería) una fórmula ni una receta a la hora de crear. Cada obra es un mundo y cada función es distinta.
Lo que más anhelo es estar en activo. Trabajando. Aprendiendo del otro. Arriesgándome.

Describe tu quehacer teatral en tres palabras. ¿Qué hace de tu forma de habitar el teatro una práctica singular y distinta a las demás?

LABORATORIO de FANTASÍA SOCIAL.
Este concepto que retoma Heiner Müller es algo que busco aplicar siempre. Y que consiste en movilizar la fantasía del otro, es decir, que cuando un espectador escucha un diálogo pueda formular a su vez otro. Es una tarea titánica, pero para ello busco ahondar en mi propia fantasía. En maneras distintas de HACER y de SER en escena.

¿Cuál consideras que es la importancia del teatro en este momento histórico?

He visto mucho teatro grabado, nacional y extranjero, el cual no podría haber visto de otro modo por el sencillo hecho de que sus temporadas acabaron. Y he invitado a mis seres queridos a verlo conmigo.

Creo que todos están compartiendo sus archivos, y eso significa que varios artistas y productores entienden la importancia de que el arte es para todos y que hay que seguir dando funciones a como dé lugar.
Es importante que muchos colaboradores se animan a crear con las herramientas que tienen a la mano. Ya sea por ocio, por alguna convocatoria o porque les da la gana.

¿Qué crees que debería cambiar en nuestro modelo teatral?

Hay que descentralizarlo. Seguir acercando el teatro al barrio y a los pueblos. Obligar a todas las escuelas a llevar al menos una vez al año a sus niños al teatro. Y obligarnos a que reciban obras de buena calidad.

¿Qué le deseas a la siguiente generación de hacedores teatrales?

Les deseo mucha valentía y que no se dejen amargar por la vida que se puede traducir en familiares, maestros, parejas y mundo laboral. Mantengan su esperanza. Jueguen mucho, lean mucho, vivan mucho. Aliméntense de grandes experiencias.
La vida pega duro a veces, pero no por eso hay que soltar. Les deseo que busquen ser éticos en su trabajo y si quieren corregir, corríjanse a sí mismos, porque con el otro solo van a desperdiciar energía (además esa es la labor del director). Les deseo que sean revolucionarios, (sería contradictorio a su condición juvenil), sin embargo, he aprendido que las revoluciones que convienen más a un ser creativo son las que se tienen en sí mismo. En la mente, en el cuerpo y en el espíritu. Esas pequeñas revoluciones que haces diario te pueden llevar a cambiar el mundo, y si no al menos el tuyo. (Este texto también va dirigido a mí.)

Si el teatro es el arte del encuentro con el otro ¿cómo enfrentas la emergencia que vivimos ante el COVID-19? ¿Qué deseas que ocurra cuando volvamos a estar juntos?

Por suerte me encuentro acogido por un par de grupos teatrales con los cuales he podido seguir creando pequeñas cosas que nacen de la creatividad. Por suerte yo en mi soledad no puedo estar quieto y sigo creando cosas que espero puedan tomar más forma cuando volvamos a encontrarnos.
Aunque lo cierto es que la mayor parte de mi tiempo la he dedicado a estar con mi familia, a jugar con ellos, a respirar profundo y a limpiar. A descansar. A aceptar que, si el teatro es un mundo, hoy me toca ser espectador.
No necesito desearlo, sé que cuando volvamos a estar juntos, vamos a romperla en esos escenarios.

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