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Día: 11 de agosto de 2020

Reflexionar acerca de la muerte.

En la sala de mi casa, en una mesa que da frente a una pared blanca

Reflexionar acerca de la muerte

¿Qué es la muerte? ¿Qué significa para mí?

Es una experiencia que me ha atravesado poco. La he experimentado con familiares, y con gente de mi edad. La más reciente fue la de una amiga que sufrió un accidente automovilístico. Era joven, la última vez que la vi, estaba sonriente.

La muerte es algo en lo que no me gusta pensar. Porque si lo pienso me sacude. A veces se me atraviesa como un pensamiento imprevisto, que me dice que yo también voy a morir. Y en un arrebato egoísta digo: para qué todo esto. Es un pensamiento existencialista que se abre ante la inutilidad de la vida misma: ¿para qué?

Somos seres frágiles que pueden morir en cualquier momento. Un virus que anda por ahí, puede matar a quienes tienen la vida más endeble que uno. Y pega directamente con la ley del más fuerte.

Perder a alguien… algo que puede suceder en cualquier momento. Llorar la pérdida de alguien y que venga la culpa por no haber estado con esa persona.

¿Pero no será que morimos a diario? Hablo de la muerte parcial, la muerte de células, la muerte de ideas, la muerte de sueños, la muerte de objetivos. Algo muere en mí, cada vez que pienso en la inutilidad de algo, de mí misma.

En este momento la vida peligra, estamos inmersos en un momento de demasiada precaución donde la vida está en riesgo, la vida de los otros.

El otro día, soñé con un cadáver. Era el cadáver de mi madre… cuando me acercaba a ella, empezaba a moverse. A surgir de entre la muerte. Pero algo se había perdido, algo estaba ajeno ya. En la lógica del sueño, donde todo es posible, los muertos vienen y hablan. ¿Será entonces la realidad del sueño un refugio entre vivos y muertos? un lugar donde estar y donde permanecer para no perecer.

Saliendo del eje

Mi recámara, misma mesa, hoy si llueve, pero no hay Chavela

Saliendo del eje

-Tengo miedo

-¿De qué?

-De la obra, que no suceda, que nos vayamos por otros lados, que estamos debrayando mucho

– y ¿qué piensas?

-Que no salga, que no estamos actuando, ni construyendo personajes

-Pero qué importa

-Importa, porque necesito eso… los personajes son nuestra guía

-Tal vez no

-Yo sé, pero tengo miedo de que no estamos por el lado correcto

-Yo también. Sin embargo también está bien tener miedo

-Si, pero no caos

-El caos también, es importante el caos, el teatro nació en el caos, Dionisio es caos

-Yo lo sé, pero ya sé hacer las cosas, las he hecho por mucho tiempo, he trabajado y sé que los personajes tienen que ser nuestra luz, nuestra guía

-Podrías darte la oportunidad de probar otras cosas, yo sé que ya sabes hacer las cosas, y las vas a seguir haciendo toda tu vida, pero date esta oportunidad de hacer algo distinto a lo que ya sabes, no sabemos qué va a pasar con el mundo, menos con la obra, te prometo que va a ser una obra muy buena, cuando tengamos un espectador, pero mientras vamos a disfrutar este caos

Ayer me rapé, ya quería hacerlo, mi cabello se enredaba o se caía. Me gusta, el baño dura menos y no tengo que usar champú, con el mismo jabón con que me lavo el cuerpo. Se siente rico el agua en la cabeza y en la tarde sentí calor en la nuca.

 

La culpa.

En el baño del trabajo y en la cocina limpiando

La culpa

El otro día soñé con mi abuela materna. Sentí que finalmente me despedí de ella. Soñé que me la encontraba en un lugar indefinido que era entre un supermercado y la calle. Me pedía que la paseara. A ella le gustaba salir a caminar, yo nunca la acompañé, lo hacía una prima. Caminamos tanto en el sueño que le decía que si no quería su silla. Cuando mi abuelita ya estaba en sus últimas, utilizaba silla de ruedas. En algún momento en el sueño le pedía perdón por haber estado tan ausente con los años. Me hubiese gustado decírselo. La última vez que la vi lloré, no soportaba la idea de verla así. Ella me dijo -No imaginabas verme así, ¿verdad? Al día siguiente murió. Hablo de la culpa porque ayer Paty decía que en su viaje lloró al imaginar que a su madre le decían que la habían asesinado. Yo también he pensado en ello y lo que siento es culpa. Dejar a mi madre vivir en una impotencia, en la injusticia, no lo soporto.

Perpectiva de la junta de ayer.

En el trabajo, están ocupando mi computadora

Perpectiva de la junta de ayer

Ayer me dio la sensación de que estamos estancados. Hablamos mucho, opinamos mucho, hay muchas ideas pero no las ejecutamos. ¿Cómo vamos a saber si funcionan si no las llevamos a la acción? Hoy por la mañana pensaba si quizás nos daba miedo el resultado final. A mí sí, pero creo que tiene que ver con los requerimientos que pide la UNAM. Creo que es momento de experimentar y de comenzar a crear. En este punto me pregunto cuál es mi papel. Antes de que sucediera esta producción lo tenía muy claro, pero ahora se desdibuja un poco y no sé cómo abordar la multimedia con las condiciones que se nos ofrecen. Quiero regresar al punto anterior de la bitácora con la metodología Design Thinking. La pregunta sigue siendo la misma. ¿Cómo vamos a empatizar? Lo puse sobre la mesa, ¿con la experiencia?

EMPATIZAR-DEFINIR-IDEAR-PROTOTIPAR-TESTEAR

Si siguiéramos la metodología, ya nos saltamos el primer paso, el segundo y el tercero lo estamos intentando hacer al mismo tiempo para saltarnos a prototipar.

Lista de las cosas que me incomodan del proceso que sugiere teatro UNAM:

Que lean mi bitácora personas que no deseo que la lean.

Que juzguen en general el proceso de una forma despectiva.

Que no alcancemos la expectativa Teatro UNAM.

Que la tecnología nos sabotee.

Que Teatro UNAM nos estanque en el proyecto que teníamos inicialmente planteado.

Bitácora iniciática.

En la mesa de la cocina, tomando café, escuchando las noticias en la radio y con un gato en las piernas

Bitácora iniciática

La muerte. Mi cadáver. El ente cuando llega el fin. ¿Qué pasa al morir? ¿Será posible ver tu cuerpo / cadáver mientras te desprendes hacia la estratosfera? Recordé INTO THE VOID (https://www.youtube.com/watch?v=_tG_b5zaT9Y). Por un tiempo, buscaba sentirme amenazado, en peligro. Y estas sensaciones las buscaba en el exterior, buscando a alguien que fuera el responsable de los temores, del pánico, del miedo. Siempre busqué las zonas rojas, lugares oscuros en esta ciudad y en otras. Esa sensación de morir lejos geográficamente se relaciona con esa sensación de morir lejos de mí, no ser una víctima, sino un espectador. Espectar la propia muerte. Quería probar los mismos riesgos y sensaciones que me atravesaban al caminar por San Antonio Tomatlán, o por Topacio, o por la calle de San Pablo en la Merced de la Ciudad de México; encontré lugares así en otras ciudades, en otros países. Los desconocidos se volvían conocidos y esa sensación de amenaza dejó de emanar peligro para dar paso al ambiente familiar. La familia. Aquella que se reúne en una esquina, o en la barra de una cantina, o en un callejón sin salida, aquella que te tira línea con una mirada, que te recoge sin conocerte, que te alberga, que te da una oportunidad para expresarte, para vivir, para conocerte. Noches que te abrazan y no te sueltan. O días soleados a lado de unas vías compartiendo pollo asado…

La muerte es más cercana de lo que parece. La siento a un lado. Sentada conmigo. Mirando lo que hago, escuchando lo que pienso. No soy la muerte, pero es mi compañera. Una frontera se dibuja entre nosotros. Una línea que podemos pisar, pero no atravesar. Esta sensación sobre los límites de la vida y la muerte es aquella que he buscado extender, explicar y compartir por medio de otros lenguajes. La imagen es un final de tiempo. Un tiempo que es atravesado por la violencia. Siempre.

La violencia interrumpe sin medir las consecuencias. Hemos crecido y aprendido a normalizar sus efectos, a verla como algo de todos los días. Ya sea porque la vivimos en casa o por el entorno que nos rodea. Es una cosa de todos los días. La violencia interrumpe tu día y es difícil regresar a lo que estabas haciendo. Es difícil centrarte y enfocarte en algo más que no sea ella misma. Es preferible normalizar su efecto. Vivir con ello, espectando las noticias de todos los días que giran a su alrededor. Así vemos miles de números que grafican muertos, enfermos, heridos… mejor anestesiarse. Es en ese momento anestésico en donde se ha colocado a la imagen. Un Impasse. Una manera de acercar la violencia tras la frontera de la imagen, alejando la realidad de ti, de tu cuerpo, de tus emociones.

Imágenes y violencia. Las imágenes se diluyen con el tiempo. La violencia va dejando marcas. La anestesia llega para tomar el control, para conquistar el imaginario sedado. Donde ya no se trata de realidad sino de las realidades. Donde ya no eres uno o una sino “unes”.